18 octubre, 2012

La Historia de Amanda Todd

El 10 de octubre de 2012, Amanda Todd, una chica canadiense de 15 años decidió quitarse la vida. Pero, ¿Qué le llevó a tomar tan drástica decisión?

Amanda era una chica de 12 años, de padres separados que vivía con su madre. Como todos sus compañer@s, utilizaba con regularidad las redes sociales, le gustaba chatear y usaba su webcam para hablar y conocer gente.

La-historia-de-amanda-toddEra una chica extrovertida, simpática y coqueta, le gustaba que le dijeran cosas bonitas, que la reconocieran, y en la red encontró a muchas personas que lo hacían. Con una de ellas entabló mayor relación, esta persona le decía que era muy hermosa, una chica “impactante”, prácticamente “perfecta”, y cuando tomaron más confianza le pidió que le enseñara los pechos por la webcam. Amanda lo hizo.

El suceso se quedó ahí, un atrevimiento sin importancia. Sin embargo, un año más tarde recibe un mensaje por Facebook de esta persona: “si no me muestras más partes de tu cuerpo publicaré tus fotos en topless”. Amanda siente miedo, empieza a pensar en las consecuencias que esa amenaza traería a su vida, y de repente cae en la cuenta de que esa persona sabe muchas cosas de ella: dónde vive, con quién vive, la escuela a la que va, sus amigos, etc y ella no sabe nada de él. A pesar del miedo Amanda toma la decisión de ignorarle.

Pasan los días y llegan las vacaciones de Navidad, una noche bien entrada la madrugada, tocan en la puerta de su casa, era la Policía. La noticia que recibe es devastadora, sus fotos en topless se han difundido por toda la red.

El mundo de Amanda se desmorona, todos sus miedos se hacen realidad. Se siente fatal consigo misma, solo puede pensar en cómo se sentirán y qué pensaran de ella todos a su alrededor. Empieza a sufrir crisis de ansiedad y no puede parar de llorar. Intenta poner remedio a ese malestar que crece en su interior evadiéndose de la realidad, las drogas y el alcohol se convierten en hábito pero no solucionan su problema, al contrario, solo hacen que se sienta aún peor, más deprimida, más ansiosa.

Pasa un año, y esta persona vuelve a aparecer en la vida de Amanda, lo hace nuevamente través de Facebook, creando una página, donde los pechos de Amanda son su foto de perfil. Su mundo vuelve a tambalearse, se siente desesperada, parece que esta horrible pesadilla no acaba nunca. No encuentra consuelo de sus amigos, los compañeros de clase empiezan a ponerle motes ofensivos, a mirarla y reírse cuando pasa, a burlarse e insultarla.

Con el tiempo empieza a quedarse sola, sin amigos, nadie la quiere a su lado. El desprecio por si misma crece al tiempo que los demás también la desprecian. A este sentimiento le acompaña la tristeza, la rabia, la frustración, y muchas más emociones que la llevan a pensar que se merece sufrir. Empieza a hacerse daño, se autocastiga cortándose inflingiéndose mucho dolor.

Ante esta situación la madre decide cambiar de colegio a Amanda. La situación mejoró pero se seguía sintiendo muy sola. Los recreos los pasaba en la biblioteca frente al ordenador chateando. De esta manera volvió a retomar la relación con un antiguo amigo. Se sintió escuchada y arropada, empezaron a intimar. Él le propuso que se vieran, sólo había un problema, él tenía pareja. Aunque sabia que era un error, Amanda no pudo evitar quedar con él.  Aprovecharon unos días solos, se divirtieron mucho juntos, Amanda volvía a sentirse querida y valorada.

Una semana más tarde el chico, su pareja y 15 amigos de ellos, se presentan en la escuela de Amanda y la abordan al salir de clase. La chica junto con un par de esos amigos empiezan a increparla, le insultan, se mofan de ella, le dicen “¡Mira a tu alrededor, no le gustas a nadie!». Al bochorno de la situación, todos los nuevos compañeros de la escuela están presentes y son testigos de lo que ocurre, se une la decepción que siente al verse traicionada por la confianza de este chico. De repente alguien grita: “¡Pégale, ahora mismo!” y la pareja del chico no lo pensó dos veces. Arroja a Amanda al suelo y la golpea repetidamente, jaleada por sus amigos mientras la graban por el móvil, delante de la impasible mirada de los demás. Amanda escapa como puede y se arroja a una zanja de la carretera, se esconde de sus agresores llena de terror. Su padre termina encontrándola y la trae a casa.

Amanda se siente vulnerable, frágil, piensa que nadie se merece lo que le esta pasando. Se siente tan mal que desea desaparecer, morirse e intenta suicidarse bebiendo lejía. Una intervención de urgencia junto con un lavado de estómago consiguen salvarla.

Cuando le dan el alta vuelve a casa. Vuelve a las redes sociales y descubre comentarios de esas personas deseando que estuviera muerta.

La madre decide llevársela a otra ciudad, alejarla de ese ambiente, volver a intentarlo de nuevo. Otra ciudad, otra escuela, otras personas, otra vez sola.

A pesar de pasar más de medio año, Amanda descubre con horror que la gente sigue publicando fotos en las redes sociales de botellas de lejía, detergentes y zanjas. La etiquetan para burlarse una y otra vez, comentan continuamente estas fotos animándola a que siga por ese camino, que cambie de marca de lejía, alguna más fuerte, diciéndole que es tan estúpida que es incapaz de quitarse la vida. Llegan a escribir directamente: “espero que leas esto y te suicides”.

Amanda no para de preguntarse el por qué le hacen eso, por qué la persiguen de esa manera, por qué no la dejan en paz. Se siente destrozada, humillada, hundida, cada vez esta peor de su ansiedad, cada vez se siente peor consigo misma, no encuentra salida a esta situación, está atrapada y desesperada. El tratamiento farmacológico que le preescribe el psiquiatra para la depresión no le alivia. Intenta quitarse la vida sin éxito, con una sobreingesta de pastillas.

Siente que jamás cambiaran las cosas, que las fotos no las volverá a recuperar jamás, que todos podrán verla siempre y burlarse de ella. Entonces un día decide hacer un video contando su historia, explicando mediante el uso de tarjetas el calvario por el que ha tenido que pasar y lo cuelga en Youtube. El video de Amanda se diluye en el océano de información hasta hoy en día. Ya que un mes después de gritarle al mundo de manera silenciosa: “No tengo a nadie. Necesito a alguien” Amanda finalmente se suicida.

Esta trágica historia ilustra sin mesura ni contemplaciones lo que se ha denominado Bullying (acoso escolar) y Cyberbullying, es decir el uso de medios electrónicos como internet, telefonía o juegos online para ejercer el acoso psicológico entre iguales. Lamentablemente tienen que ocurrir casos como los de Amanda para que muchas personas tomen conciencia de la importancia que tiene  la comunicación clara y eficaz entre padres e hijos, y entre profesores y alumnos. Así como la necesidad de que la sociedad esté informada sobre cuales son los primeros síntomas de estos problemas y qué podemos hacer para evitar que situaciones parecidas se repitan.

Sergio García Morilla. Psico·Salud

Centro de psicología en Tenerife

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Sergio García Morilla Psicólogo Sanitario. Máster en psicología clínica y de la salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas y trastornos psicológicos. Twitter

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