26 diciembre, 2012 2 comentarios

Evolución y Emoción (III): Identificando emociones.

En entradas anteriores hemos hablado sobre cómo las emociones nos han servido para sobrevivir en un pasado repleto de incertidumbres y peligros. Vimos que todas nos movilizan a la acción, de manera distinta dependiendo de cual sintamos, activando en nuestro organismo procesos a nivel neuroendocrino y provocando respuestas de tipo conductual, fisiológico y cognitivo. Dentro de ese abanico de respuestas me gustaría destacar los correlatos gestuales o expresiones faciales asociadas.

Parte del éxito en el establecimiento de las emociones dentro de nuestras herramientas básicas para la vida, no radica solo en el hecho de experimentar las mismas y las consecuencias que se derivan de ellas (la supervivencia de nuestra especie en el pasado), sino en el hecho de tener la capacidad innata de identificarlas en los demás, de esto hablaremos hoy.

A modo de ilustración me gustaría poner el ejemplo de una emoción básica, el asco. Pensemos por un momento en la expresión de una persona que muestra mucho desagrado por algo, posiblemente su expresión facial sea que ladee el labio superior frunciendo la nariz al mismo tiempo. Este es un gesto universal que cualquiera es capaz de identificar sin problemas, salvo las personas que sufran de  alexitimia (un desorden o trastorno, muchas veces de origen neurológico, que se caracteriza por la incapacidad que tiene el individuo que la sufre de identificar emociones propias y/o ajenas, así como en su incapacidad para expresarlas, sean cuales sean).

Pero, debemos de preguntarnos ¿porqué podemos reconocer las emociones en el rostro de los demás?, ¿porqué se consideran universales, es decir, independientes de la cultura en la que nos encontremos?. Para responder a estas preguntas debemos enmarcarlas en un contexto evolutivo. Imaginemos entonces a nuestros antepasados más lejanos, que salen a buscar comida, encuentran una suculenta pieza y empiezan a comer. Sin embargo, el alimento se encuentra en mal estado,  la reacción emocional que experimentan, el asco, impulsa al individuo a evitar a toda costa aquello que le desagrada, de esta manera evita igualmente que pueda intoxicarse, enfermar o incluso morir. Si el estímulo que lo provoca es suficientemente intenso llega a activarse el reflejo del vómito donde se contraen violentamente los músculos del abdomen y del diafragma comprimiendo el estómago al tiempo que se relaja el esfínter esofágico produciendo la expulsión del contenido gástrico.

La expresión facial asociada al asco (ladeando el labio y frunciendo la nariz) tiene como función primordial cerrar las fosas nasales para evitar un olor desagradable y/o expulsar un alimento tóxico en mal estado.

Pero la evolución no se queda aquí, nos dota de los recursos necesarios para identificar las emociones en los demás y en nosotros mismos, clasificarlas y actuar en consecuencia. Si observaras a alguien que al probar un alimento pone “cara de asco” seguro que te lo pensarías dos veces cuando te ofrezca probarlo.

Otro ejemplo que puede ilustrar la importancia del reconocimiento de las emociones en los demás es la sorpresa. Esta emoción se experimenta cuando ocurre un evento o situación inesperada que moviliza todos nuestro recursos atencionales hacia el mismo. La reacción y la expresión facial de una persona que se sorprende es fácilmente identificable por los demás: Arqueo de las cejas, esto hace que aumente su  campo visual y permite que la luz entre más en la retina. Este gesto ayuda a la persona a captar más información del evento inesperado, y favorece el descubrimiento de lo que realmente ocurre, permitiendo elaborar a posteriori, el plan de acción más adecuado (huir si es un peligro o quedarme y disfrutar si es una fiesta de cumpleaños sorpresa). Cuando la identificamos en los demás, sabemos que algo nuevo e inesperado ha acontecido a esa persona, nos activa todos nuestros recursos atencionales, nos mantenemos expectantes para valorar si ese nuevo evento es bueno o malo, si es una amenaza para esa persona o incluso para nosotros mismos.

Cabría señalar que de igual manera ocurre con el resto de las emociones que vivimos en el día a día como la tristeza, el miedo, la felicidad o el amor, pero de ellas hablaremos más adelante.

Psico·Salud. Gabinete de Psicología en Tenerife.

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Sergio García Morilla. Psico·Salud.

 Centro de Asistencia Psicológica en Tenerife

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Sergio García Morilla Psicólogo Sanitario. Máster en psicología clínica y de la salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas y trastornos psicológicos. Twitter
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