8 enero, 2015 9 comentarios

Los leones de la ansiedad

Primera entrada de blog de una serie que pretende de manera sencilla explicarte qué es la ansiedad. Empezaremos por definirla. Analizaremos cuándo y cómo ocurre. Y nos centrarnos en lo que sentimos y porqué lo sentimos, descubriremos que todo tiene una razón de ser. Por último dejaremos un pequeño espacio para dedicarle al máximo exponente de la ansiedad: los ataques de pánico.

¿Por qué escribir sobre ansiedad?

Muchas personas sufren problemas relacionados con ansiedad y, sin embargo, muy pocas son capaces de entender realmente lo que les pasa. Y encima los estudios nos dicen que una adecuada explicación de lo que le ocurre a la persona mejora significativamente el manejo de sus síntomas y previene el desarrollo de síntomas más graves.

A todo esto hay que añadir la confusión que genera el término, ya que resulta complicado encontrar una definición de ansiedad que cubra todos los aspectos, no hace falta más que echar un ojo a todos los libros que se han dedicado al tema.

Hay una cosa clara: todos conocemos esa emoción que llamamos ansiedad.

No hay nadie que no haya experimentado algún grado de ansiedad alguna vez en su vida, por ejemplo al entrar en una clase justo antes de un examen o a un despacho justo antes de una entrevista de trabajo importante. Todos la hemos sentido cuando alguna vez nos ha despertado en mitad de la noche un ruido extraño, cuando viajamos en avión o cuando estamos en mitad de una fuerte discusión. Sin embargo, lo que es menos conocido, es que algunas sensaciones como el mareo fuerte, la visión borrosa o con puntitos luminosos, el entumecimiento y hormigueo de brazos o piernas, la rigidez muscular o la dificultad para respirar que puede llegar hasta la desagradable sensación de que nos ahogamos o asfixiamos pueden también ser parte de la ansiedad.

Conocer cómo nuestro cuerpo reacciona en condiciones de ansiedad o estrés es importante ya que cuando estas sensaciones aparecen y no sabemos por qué, corremos el riesgo de hacer interpretaciones catastróficas que pueden contribuir a que la ansiedad llegue a incrementarse hasta niveles de pánico.

¿De qué hablamos cuando hablamos de ansiedad?

Cuando en consulta de psicología pregunto a las personas qué piensan de la ansiedad, la respuesta suele ser “algo malo“. Pero, ¿y si te dijera que la ansiedad es algo necesario para ti y para tu supervivencia?, ¿y si te dijera que es un sistema que su único objetivo es ayudarte y protegerte? Eso es lo que es la ansiedad, tu respuesta a un peligro o amenaza.

Científicamente se denomina respuesta de lucha-huida porque todos sus efectos están dirigidos única y exclusivamente a combatir el peligro o escapar del mismo. Cuando le dices a una persona que sufre un trastorno de ansiedad que el verdadero propósito de su ansiedad es protegerlo te mira un poco raro por lo que le tienes que contar la historia completa y para eso viajamos al pasado.

Hoy en día vivimos en la sociedad del bienestar, pero no siempre fue así.

Hace cientos de años, nuestros antepasados vivían en cuevas, en un mundo hostil, oscuro y lleno de peligros. Estos antepasados nuestros fueron desarrollando por selección natural, por evolución, una serie de características que les permitieron sobrevivir y llegar como especie hasta donde nos encontramos actualmente.

En aquella época era vital, en el sentido literal de la palabra, que desarrollaran una respuesta automática o refleja que les hiciera realizar una acción inmediata: atacar o huir. Imagina la situación, vas tranquilamente por la sabana y te topas con un león, así de repente, puedes pararte a pensar y valorar la situación: “¿de dónde ha salido este bicho?, ni lo oí llegar!”, “¿vendrá solo o acompañado?“, “¿habrá comido?“, etc.

En lo que vas haciendo tus cábalas y te decides el animal ya te ha merendado. Así que los antepasados que sobrevivieron fueron los más rápidos, los que desarrollaron una maquinaria fisiológica y cognitiva responsiva y eficaz que les permitiera activarse rápidamente y huir o luchar si fuera necesario.

Pero no creas que la ansiedad sólo sirve para sobrevivir en las sabanas o junglas salvajes de este planeta. Hoy en día, en nuestra sociedad actual es un mecanismo muy necesario. Imagina que estas cruzando una calle distraido y no te das cuenta que un coche se te echa encima tocándote la bocina. Si no experimentaras ninguna ansiedad, morirías atropellado. Es ese mecanismo automático, esa respuesta de lucha o huída, es la ansiedad la que te salva la vida haciendo que saltes hacia atrás en el último momento y sin pensar.

Alégrate de que tienes ese mecanismo de ansiedad en tu cuerpo, el problema no es tenerlo, el problema es que este mecanismo esté desajustado. Y se desajusta porque nuestro cerebro no ha evolucionado tan rápido como nuestro entorno. El desarrollo tecnológico ha sido muchísimo más rápido que nuestro desarrollo biológico. Hemos pasado de estar viviendo en cuevas a estar leyendo entradas de blog en internet en relativamente poco tiempo. Sin embargo, nuestro cerebro es esencialmente el mismo desde hace miles de años, sigue estando atento a posibles peligros, a posibles leones.

Para nuestro cerebro los leones siguen estando ahí, hoy en día son las exposiciones en público, el exceso de trabajo, el despido, las rupturas y discusiones, muchas personas a las que atender, etc. Por lo que reacciona ante los peligros de la vida cotidiana como si fueran leones y pone en marcha los mecanismos necesarios.

De nuestro desarrollo cognitivo posterior, de nuestros conocimientos y autoconsciencia depende que podamos volver a ajustar este mecanismo tan eficaz y necesario. De que aprendamos a que de estos leones no hace falta huir.

Sergio García Morilla.

PsicoSalud. Gabinete de Psicología en Tenerife

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Sergio García Morilla Psicólogo Sanitario. Máster en psicología clínica y de la salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas y trastornos psicológicos. Twitter

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