15 enero, 2015 4 comentarios

¿Qué siento cuando experimento ansiedad?

En entradas anteriores comentamos que la ansiedad es una respuesta de lucha-huida donde todos sus efectos están dirigidos exclusivamente a combatir o escapar de un peligro percibido.  Una respuesta heredada de tiempos en los que nuestros antepasados vivían en cavernas y la supervivencia dependía de esta capacidad

También aprendimos cómo nuestro organismo responde ante la ansiedad. Cómo se activa nuestro sistema nervioso y cómo se autoregula. En esta ocasión quiero centrarme en cuáles son los síntomas que están asociados a la ansiedad y porqué los sentimos. Para ello explicaré cómo cada síntoma que experimentamos cuando estamos ansiosos tiene una razón evolutiva, al margen de lo desagradable que pueda ser su vivencia. La finalidad de esta entrada es que tengas una explicación de los síntomas de la ansiedad más realista, y que no se base en creencias o miedos de que te pueda estar sucediendo algo malo, como un problema cardiaco o que te vas a desmayar. Vamos a ello:

¿Qué siento cuando experimento ansiedad? 

Recuerda que comentamos, que una rama del sistema nervioso autónomo, el sistema nervioso simpático (SNS) es el responsable de la respuesta de lucha-huida, el encargado de liberar nuestra energía preparando nuestro cuerpo para la acción, lo que conocemos como ansiedad. Debido a esta activación psicofisiológica podemos experimentar una serie de síntomas físicos que pasaré a comentar (recuerda que en ningún caso son dañinos):

  • Incremento de la fuerza y del ritmo cardíaco. El corazón es nuestro motor. Nos prepara para cualquier actividad ya que nos ayuda a aumentar la velocidad de nuestro flujo sanguíneo oxigenando de esta forma nuestros tejidos y ayudándonos a eliminar con rapidez los productos de desecho de los mismos. Cuando tenemos ansiedad, nuestro cuerpo interpreta que hay un peligro y se prepara para la acción. Es típico sentir que el corazón late más rápido o con más fuerza, necesitamos más oxígeno y nutrientes para luchar o huir.
  • Cambio en el flujo sanguíneo. ¡Estamos en una situación de peligro! Hay que activar determinados órganos así que la sangre sufre un cambio en su distribución en nuestro cuerpo, se retira de los sitios donde no se necesita. Como por ejemplo del sistema digestivo mediante un estrechamiento de los vasos sanguíneos (no te vas a poner a hacer la digestión cuando te va a comer un león, ¿no?) y se dirige hacia los sitios donde es más necesaria (como por ejemplo los músculos de los brazos y piernas) esta vez mediante la dilatación de los vasos sanguíneos. Esta redistribución tiene una finalidad claramente evolutiva, por ejemplo, cuando sufrimos ansiedad la sangre tiende a retirarse de las zonas superficiales como la piel o los dedos de las manos y de los pies, y se dirige a los grandes músculos de los brazos y piernas para ayudarnos a estar preparados para la acción. Este cambio en la distribución del flujo sanguíneo también es útil porque si nos atacan 0 sufrimos un corte, es menos probable que nos desangremos hasta morir. Por esta razón cuando sufrimos ansiedad nuestra piel puede palidecer y sentimos frío en el cuerpo y en las extremidades llegando algunas veces a experimentar hormigueo y/o entumecimiento.
  • Incremento en la velocidad y profundidad de la respiración. Como hemos visto el ritmo cardiaco se acelera y los tejidos necesitan más oxígeno para prepararse para la acción, así que el cuerpo responde aumentando la frecuencia y profundidad de la respiración. Sin embargo, las sensaciones que pueden producir este incremento en la respiración pueden llegar a resultar desagradables: sensación de ahogo o asfixia, falta de aliento, e incluso dolores u opresión en el pecho.
  • Un efecto secundario del incremento de la respiración y de la redistribución de la sangre, especialmente si no se lleva a cabo ninguna actividad, es que el aporte de sangre a la cabeza disminuye. Aunque sólo es en una pequeña cantidad y no es en absoluto peligroso, produce una serie de síntomas desagradables (pero inofensivos) que pueden incluir mareo, visión borrosa, confusión, sensación de irrealidad y oleadas de frío y/o calor.
  • Incremento en la sudoración. Sudamos más cuando sufrimos ansiedad y también esto tiene  una explicación evolutiva, el sudor hace que la piel sea más resbaladiza, de forma que es más difícil para un atacante o un predador agarrarnos. Al tiempo que nos ayuda a enfriar el cuerpo para que no se caliente demasiado durante la activación que sufrimos.
  • Las pupilas se dilatan. Nuevamente tiene su explicación: para permitir que entre más luz y por tanto más información de un entorno que recordemos hemos percibido o valorado como peligroso. El problema es que la dilatación pupilar suele estar regulada por la entrada de luz (a menor luz, menos información lumínica del entorno, mayor dilatación pupilar para captar más), pero cuando se activa nuestro SN simpático experimentando ansiedad, la luz ya no regula, detectar el posible peligro del entorno es prioritario. Por eso puede que nos de ansiedad y se dilatan nuestras pupilas, no en función de la luz del entorno, sino de nuestros nuestro neurotransmisores esta tenga un efecto desagradable, tal como visión borrosa y/o el ver una serie de puntitos luminosos enfrente de los ojos entre otras cosas. Recuerda, puede que sea desagradable pero es inofensivo para tu salud.
  • Boca Seca o disminución de la salivación, producto de la activación del SN Simpático este hace que cese la salivación. Tu cuerpo piensa: “¿para que quieres comer o hablar si tienes un león pisándote los talones?
  • Menor actividad en el sistema digestivo, lo comentábamos antes, es un efecto secundario de la redistribución sanguínea, ahora no es primordial digerir es primordial luchar o huir. El problema es que este descenso en la actividad del sistema digestivo puede producir síntomas molestos y bastante frecuentes cuando experimentamos ansiedad como náuseas, pesadez en el estómago e incluso estreñimiento, todo depende del momento en el que la digestión se desactiva y se active el sistema de lucha y huída.
  • Tensión muscular. ¿no te has notado tens@ cuando estás ansios@? La razón es que muchos de nuestros grupos musculares se tensan para prepararse para la acción. Dato curioso: cuando notes que se te tensa el tren superior (cuello, trapecio, hombros, brazos, etc) posiblemente tu cuerpo te este preparando para luchar si por el contrario sientes tensión en tu tren inferior (muslos, gemelos, glúteos, cadera, etc) estás preparándote para escapar. Esta situación nos produce sentimientos subjetivos de tensión, que en ocasiones pueden llegar a manifestarse en dolores reales (como bien saben los fisioterapeutas), así como temblores y/o sacudidas, sobre todo cuando esta tensión es muy prologada en el tiempo.
  • Falta de concentración. Se ha activado la respuesta de lucha-huida, quiere decir por tanto que existe un posible peligro. Esto conlleva un cambio inmediato y automático en la atención para explorar los alrededores en busca de una amenaza potencial. El problema asociado a este efecto es que se hace muy difícil concentrarse en las tareas diarias cuando uno está experimentando ansiedad. Las personas que la sufren se quejan frecuentemente de que se distraen con facilidad de sus tareas diarias, de que no pueden concentrarse, y de que tienen problemas de memoria. La razón es sencilla, tu mente esta orientada a la búsqueda de posibles peligros no le pidas que recuerde si ha cerrado con llave o no la puerta de casa.
  • A nivel general, la ansiedad o esta respuesta de lucha-huida produce una activación general de todo nuestro metabolismo corporal. Así, uno se siente frecuentemente acalorado y, como este proceso emplea mucha cantidad de energía, es también habitual sentirse cansado y agotado después de experimentarla. 
  • Impulsos de agresión y deseo de escapar de la situación. No te preocupes, es normal, recuerda que la ansiedad prepara nuestro cuerpo para la acción: atacar o correr. Así que no debería sorprendernos que estos fueran impulsos que sientas cuando sufras ansiedad. El problema es que a veces esto no es posible porque existen limitaciones sociales, hay situaciones en las cuales no podríamos (ni nos convendría a veces) ni salir corriendo ni atizar un garrotazo, así que estos impulsos se tienden a expresar de otra forma, como por ejemplo dando golpecitos con el pie, paseándonos de un lado a otro o hablando bruscamente a la gente. Así que no te extrañes, no eres mala persona ni un/a cobarde, los sentimientos “normales” producidos por la ansiedad son los de sentirte atrapad@ y necesitar escapar.

A la búsqueda del sentido.

Por último me gustaría comentar que nuestro cerebro es un gran buscador de explicaciones, le encanta establecer relaciones de causa y efecto y a veces se equivoca. Bueno, se equivoca muy a menudo. Como cuando sufrimos ansiedad y no puede encontrar una amenaza clara en el exterior (no encuentra a su león) entonces tiende a buscarlo en tu interior. Y desafortunadamente puede llegar a pensar: “si no hay amenaza externa, si nada en el exterior me está haciendo sentir ansioso, debe haber algo mal en mí”. En este caso, nuestro cerebro puede llegar a inventar o hacer interpretaciones falsas que toma como ciertas, tales como “me debo de estar muriendo, perdiendo el control o volviéndome loco“.

Como has visto, nada puede estar más lejos de la realidad, ya que el propósito de la respuesta de lucha-huida es siempre y por encima de todo, proteger el organismo, no dañarlo. De todos modos, son pensamientos comprensibles, no te culpes si aparecen. Son pensamientos que tienen su lógica en el contexto de ese estado, además siempre hay un león, pero no siempre nos damos cuenta, eso para otra entrada.

En la próxima me gustaría hablarte de los ataques de pánico, qué son, cómo y por qué se producen, será pronto así que no te pongas ansioso.

Sergio García Morilla.

PsicoSalud. Gabinete de psicología en Tenerife.

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*Este material está basado en la psicoeducación que impartíamos a pacientes que sufrían ansiedad en la Unidad de Terapia de Conducta (UTC) asociada a la Universidad de Barcelona (UB) dirigida por la Catedrática Carmina Saldaña y el Dr. Arturo Bados. Se os echa mucho de menos.

Sergio García Morilla Psicólogo Sanitario. Máster en psicología clínica y de la salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas y trastornos psicológicos. Twitter
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