22 enero, 2016 4 comentarios

Cómo evaluar un argumento como un científico.

Estamos constantemente bombardeados por información, argumentos respaldados por supuestos datos rigurosos. Los políticos los usan para respaldar sus políticas sociales injustas, los vemos continuamente en las noticias de salud donde nos avisan de cosas que provocan cáncer, cosas que curan cáncer, o cosas que no curan el cáncer pero que si las tomas pueden prevenir el cáncer en un futuro. Todas ellas con algún tipo de “evidencia” que la apoya.

Ante esta avalancha de información ¿contamos con alguna forma de evaluar adecuadamente estas afirmaciones? ¿podemos saber si realmente están basadas en evidencia científica o por el contrario nos la están colando?

Como_evaluar_un_argumento_como_un

Un nuevo estudio publicado en la revista Pensamiento y Razonamiento nos puede dar algunas claves. En él se han comparado las estrategias con las que las personas evalúan la información sobre hechos o el razonamiento que se utiliza para demostrar algo, es decir, sobre cómo evaluamos los argumentos  que nos dan. Para ello se utilizó un grupo de 20 científicos (estudiantes avanzados de doctorado y post-doctorado en psicología) y se comparó con otros grupo de 20 estudiantes de primer año de la licenciatura de psicología. Los investigadores les pasaron a todos dos textos, de aproximadamente 400 palabras, sobre la relación existente entre el tabaco y la adicción, cada uno de los textos llevaba por igual una mezcla de argumentos lógicos y de inverosímiles.

Después de la lectura tuvieron que hacer una serie de tareas sencillas: Se pidió a todos que identificaran los diferentes componentes de los argumentos que contenían los textos y que juzgaran su verosimilitud (su credibilidad y veracidad). Se les advirtió que, para esta evaluación, lo hicieran en función de la coherencia interna y la calidad de los datos, no en función de su propio conocimiento u opinión previa.

Posteriormente se preguntó sobre las estrategias que habían utilizado para evaluar los argumentos, y si los argumentos contenían alguna falacia de una lista que se les daba, como ser un argumento circular. Para uno de los textos, se les pidió que expresaran su opinión en voz alta, así los investigadores tendrían una visión inmediata en sus estrategias de evaluación.

Como era de esperar, los psicólogos con doctorado fueron mejores y se tomaron más tiempo, que los estudiantes, juzgando la verosimilitud de los argumentos y mucho mejores en la detección de argumentos débiles o inverosímiles. También los doctores supieron dividir mejor la estructura del texto, aislando los distintos argumentos y reconociendo mejor si existía realmente evidencia que los respaldara.

En la prueba en voz alta se comprobó que la razón por la que los doctores eran mejores a los estudiantes, era porque en la evaluación de los argumentos sus juicios consideraban la consistencia interna de los argumentos (tal como se advirtió a todos desde el principio) y si estos contenían algún tipo de falacias lógica, si había alguna contradicción, si se utilizaba un mal ejemplo para explicarlo, si se citaba una falsa dicotomía, o si se sobregeneralizaba. Por el contrario, los estudiantes tendieron a confiar más en su intuición (según reportaron ellos mismos :»No sé por qué, pero eso no suena creíble«), en sus opiniones o en sus conocimientos previos.

Habría que aclarar que tanto a los psicólogos como a otros muchos científicos no se nos da un entrenamiento formal en la argumentación lógica ni en el análisis de argumentos de un texto, vamos aprendiendo esas habilidades de manera indirecta durante la formación específica o el trabajo.

La pregunta es, ¿cómo puedo hacer para pensar cómo un científico? 

El estudio reveló una serie de características que pueden ayudarnos a pensar de forma más racional en nuestra vida cotidiana para que no nos engañen.

  1. Toma conciencia de la estructura formal de los argumentos que te dan. Esto suena muy raro pero en realidad es bastante sencillo una vez se conoce (el modelo de Toulmin de argumentación es un buen comienzo). Te pueden ayudar preguntas como: ¿Qué se afirma?,¿quién hace la afirmación?, ¿qué intereses puede tener en hacerla?, ¿con qué datos cuenta?, ¿son fiables o verificables?, ¿cuentan con algún tipo de respaldo?, ¿podemos comprobar la veracidad de estas afirmaciones?. La conciencia de la estructura hace que sepas mejor que se pretende con cada parte y te das cuenta más rápido si hay coherencia o no.
  2. Conoce las falacias más comunes. Ese tipo de argumentos que parecen válidos pero realmente no lo son. Hay un montón y te sorprenderá descubrir cuantas te hacen y cuantas haces tú también.Argumento ad populum
  3. Olvida lo que sabes. La mente de un científico es buena no porque sean expertos altamente capacitados o competentes, es por su mayor habilidad para olvidar lo que saben y juzgar un argumento según sus propios méritos, sin dejarse llevar por opiniones preconcebidas, conocimiento anterior o su «instinto«.
  4. Cuidado con la racionalidad parcial que hace que personas inteligentes crean en cosas de dudosa validez (por ejemplo, médicos homeópatas). No porque sepas de una cosa mucho hace que sepas de todas las demás, ni mucho menos te da credibilidad.
  5. Duda de ti mismo. La duda es sana, genera la apertura necesaria al conocimiento y elimina la soberbia del que se cree en posesión de la verdad. Necesaria para acercarte a los argumentos sin prejuicio.

Obviamente existen muchas más recomendaciones para juzgar adecuadamente un argumento como por ejemplo: si tienes la posibilidad utiliza fuentes de contrastación de datos fiables, oficiales y respaldadas por la comunidad científica. Antes de decía «el papel lo aguanta todo» hoy en día imagínate lo que se puede decir de internet. Pero como comento esto son solo algunas recomendaciones básicas que nos pueden ayudar a navegar entre este océano de información donde comprobar la veracidad y coherencia de la misma se ha vuelto más importante que encontrarla.

Sergio García Morilla. 

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Estudio referenciado:

Von der Mühlen, S., Richter, T., Schmid, S., Schmidt, E., & Berthold, K. (2015). Judging the plausibility of arguments in scientific texts: a student–scientist comparison Thinking & Reasoning, 1-29 DOI: 10.1080/13546783.2015.1127289

Basado en artículo original: How to evaluate an argument like a scientist.

Sergio García Morilla Psicólogo Sanitario. Máster en psicología clínica y de la salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas y trastornos psicológicos. Twitter

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