8 septiembre, 2017 1 comentario

El síndrome postvacacional no existe

Los niños vuelven al cole, nosotros al trabajo y con ello se acaban los días de horarios flexibles y pocas rutinas. La mayoría de los niños empieza un curso nuevo, cargados de ilusión y de ganas por aprender, de ver a los compañeros y contarles las vacaciones. Volvemos a poner el despertador y a vestirnos con ropa formal para iniciar la jornada. Pero la vuelta a la rutina puede no ser tan fácil como pensábamos.

En ocasiones cuando volvemos al trabajo después de nuestras vacaciones podemos sentirnos algo más cansados de lo habitual, con falta de sueño, falta de apetito, nos cuesta más concentrarnos, una pérdida de interés e incluso podemos llegar a tener dolores musculares. Es normal entonces preguntarnos si es posible que estemos sufriendo el tan temido síndrome postvacacional. 

En estas fechas habrás notado como periódicos y revistas se llenan de artículos para alertarte ante el temido “Síndrome postvacacional” y te sientes identificado con los síntomas que nombran. Pero, ¿existe realmente el Síndrome postvacacional? Vayamos por partes.

¿Qué es un síndrome?

Según la RAE, la palabra síndrome se define como:

  1.  “Conjunto de síntomas característicos de una enfermedad”
  2. “Conjunto de fenómenos que caracterizan una situación determinada”.

Si atendemos a la primera definición tendríamos a la mayor parte de la población infantil y adulta “enferma por vuelta al cole” o “vuelta al trabajo”. Si por el contrario atendemos a la segunda definición  nos encontramos con otro problema. Y es que los procesos de adaptación a este cambio en nuestra vida no son distintas a los de otro proceso de adaptación en otro periodo del año. Nos encontramos con que si aceptamos el “Síndrome postvacacional” tendríamos que etiquetar gran parte de los conjuntos de síntomas o fenómenos que ocurren a los largo de nuestras vidas como síndromes. Por tanto tendríamos que “tratar” y patologizar fenómenos como el divorcio, la jubilación, un despido o incluso un suspenso. Así podría surgir el síndrome postdivorcio, postsuspenso, postdespido o postjubilación. En todos ellos se requiere un periodo de adaptación y cambio de hábitos que pueden generar cierto malestar en la persona que los experimenta muy similares a los producidos por el ya conocido “Síndrome postvacacional”.

El síndrome postvacacional no existe

El síndrome postavacacional no existe, se trata de un proceso completamente NORMAL. Es uno más de los muchos procesos de adaptación a los que nos tendremos que ajustar a lo largo de nuestras vidas. Es cierto que la vuelta a la rutina escolar o laboral puede traer consigo una desregulación de horarios, cambios en los patrones de sueño o en el apetito, nerviosismo o agitación, irritabilidad o incluso dolores musculares. Si tenemos en cuenta que llevamos un tiempo desconectados, sin rutinas y desprovistos de nuestros hábitos habituales, es lógico que nos cueste incorporarnos a nuestra rutina habitual. En cualquier caso se trata de un proceso natural, que puede vivir o no cualquier niño o adulto sano y que se soluciona por sí solo una vez nos veamos envueltos en nuestros horarios y nos hayamos adaptado de nuevo a nuestra rutina.

Hablar de la existencia del Síndrome postvacacional o depresión postvacacional conlleva riesgos que podemos evitar. Cuando damos por hecho que existe patologizamos la vida cotidiana y etiquetamos un proceso normal de adaptación como si fuera una entidad diagnóstica diferenciada. Así, por un lado infravaloramos lo que es sufrir una depresión y por otro confundimos a la población, que normaliza el uso de un concepto erróneo para referirse a un malestar pasajero.

Otro riesgo que supone esta patologización de un proceso de adaptación normal es atribuir nuestro desajuste (o el de nuestros hijos) a un síndrome, enfermedad o trastorno psicológico para no asumir nuestra responsabilidad sobre la mejora. Es decir, si yo experimento ansiedad, estoy más decaído, me irrito fácilmente o grito de forma descontrolada cuando retomo mi rutina no pasa nada, está justificado, yo soy así porque sufro síndrome postvacacional. Se hace más difícil asumir que estoy experimentando un proceso natural y que YO tengo la responsabilidad de gestionar de forma adecuada mis emociones para regularlo, para no sufrir y que los que me rodean no sufran.

El malestar es parte de la vida y las situaciones de cambio de nuestra vida cotidiana van a requerir de nuestra habilidades y de una regulación emocional para adaptarnos a la nueva situación. Aceptar que es algo temporal y aplicar estrategias concretas nos ayudará a nuestra adaptación.

Pero si este malestar se mantiene o se complica a lo largo del tiempo, se debe a circunstancias especiales y no únicamente a un cambio de rutinas tal vez puedas preguntar a un profesional de la psicología. 

Si necesitas apoyo o tienes alguna pregunta no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Tenemos un gran equipo de psicólogos en Tenerife estará encantado de ayudarte en todo aquello que necesites.

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