1 abril, 2018 1 comentario

Terapia Gestalt: Un análisis crítico.

El presente artículo es un análisis crítico de la Terapia Gestalt donde podrás consultar todas las fuentes originales pinchando los enlaces vinculados. Se ha realizado una profunda revisión de la literatura científica disponible en busca de la evidencia que respalda esta terapia y en función de la misma se sacan una serie de conclusiones sobre su uso. Posteriormente se replican las críticas que este artículo ha suscitado en su primera publicación en Psyciencia, es el apartado que lleva el nombre “Respondiendo a una réplica (Ampliación)” Espero que sea de tu interés.

Comencemos por el principio:

¿Qué es la terapia gestalt?

Es difícil encontrar una definición concreta. La Asociación Española de Terapia Gestalt la define como la forma de hacer terapia creada por Fritz Perls (médico neuropsiquiatra y psicoanalista) y su esposa, Laura Posner.

La American Psychological Association (APA) la define como uno de los tres tipos de terapia humanista especialmente relevantes, basada en el «holismo organísmico», la importancia de ser consciente del “aquí y ahora” y que cada uno acepte la responsabilidad de sus propios actos.

Tiene una base teórica muy ecléctica que bebe de la filosofía oriental, el psicoanálisis, el psicodrama, la Teoría de la Indiferencia Creativa de S. Friedlander según el cuál el comportamiento humano es un proceso de equilibrio entre dos polos opuestos, siendo definida la salud del organismo y su potencial creador como la capacidad de éste de alcanzar el “punto cero”; la Teoría de la Coraza Muscular de W. Reich donde el cuerpo tiene una coraza muscular y existen diferentes zonas de emociones o anillos en los cuales la energía se acumula y se estanca produciendo patologías; la Filosofía Existencial, los Enfoques Fenomenológicos Existenciales y el Sueño Dirigido una técnica basada en el psicoanálisis y en la relajación dinámica que, según sus defensores, permite poner solución a bloqueos psicológicos y crea un proceso de transformación gracias a la simbología de los sueños.

El pensamiento gestalt como tal tiene su origen en la figura de Fritz Perls, a finales de los años 40, y se centra en una perspectiva holística donde dicen integrar las dimensiones múltiples del ser humano: sensorial, intelectual, afectiva, social y espiritual. La terapia presenta un modelo centrado en el aquí y el ahora, donde destaca la importancia de la toma de conciencia, y de distintos aspectos como la integración, la autorrealización y el desarrollo del potencial humano. Sus defensores dicen que es una terapia que ayuda a las personas a plantearse su posicionamiento existencial ante sus vidas, buscando promover una actitud de honestidad, responsabilidad y respeto, así como fomentar un valor de significado sobre la vida y uno mismo.

¿Que nos dicen los estudios sobre la Gestalt?

Es indudable el auge que esta forma de entender y hacer terapia está teniendo. Son muchos los psicólogos que la practican y que defienden su visión. Sin embargo, ¿tenemos pruebas de su eficacia? Al analizar la evidencia disponible hasta este momento nos encontramos con que los estudios de eficacia son escasos y de baja calidad metodológica. Veamos:

1. Existen muy pocos ensayos controlados aleatorizados (ECA) sobre la eficacia de la terapia gestalt y éstos son de muy baja calidad:

Por ejemplo, en un estudio de revisión se encontrarontan solo 2 ECA: En el primero de Rosner y colaboradores (2000) compararon 21 pacientes con depresión, a los cuales se les aplica terapia de apoyo y expresión en grupo (versión manualizada de terapia gestalt), frente a un grupo control que recibe terapia cognitivo conductual (TCC). Midieron la naturaleza y la intensidad de las emociones, con un seguimiento de 20 semanas. No encontraron diferencias significativas en la aparición de emociones de ira en comparación con la TCC. Como vemos, la muestra es escasa y los autores solo resaltan las diferencias en una medida ¿qué ocurrió con las otras?

En el segundo (Cook, 2000), el tamaño de la muestra es desconocida y se centra en mujeres adolescentes que “se consideran deprimidas”. El tratamiento consiste en una intervención breve en grupo y un periodo de seguimiento de 5 semanas frente a un grupo control en lista de espera. El grupo de terapia gestalt mostró reducción en las escalas de depresión y ansiedad, y mayores puntuaciones en escalas de autoconcepto que en el grupo control.

Otro estudio más actual de Moya, Barranco y Carrascosa (2016) hacen una revisión sobre los niveles de evidencia de la terapia gestalt dentro de la corriente humanista, entre los años 1990 y 2016. En total analizaron 172 estudios con distinto nivel de evidencia, desde metaanálisis de estudios controlados y aleatorizados a estudios de cohorte. Encontraron 7 metaanálisis, 20 revisiones literarias y numerosos estudios controlados, aleatorizados, estudios de cohortes y comparativos.

De todos estos metaanalisis solo se encuentra uno por Schmitz (1995) publicado en alemán, cuyos resultados apoyan la efectividad de la terapia gestalt pero advierten: “no se puede hacer una declaración definitiva sobre las diferencias significativas, la configuración de la terapia individual o las medidas a largo plazo.” Es decir, los resultados no son superiores a no hacer nada.

Merece la pena comentar brevemente el metanálisis de Elliot et al. (2001;2013) que estudia las psicoterapias humanísticas desde los años 1978 a 2001, y de 2001 a 2013. Observaron que la TCC produce efectos superiores a la terapia gestalt, aunque las diferencias, dicen ellos, desaparecen cuando se tienen en cuenta efectos de la adherencia terapéutica y de los tratamientos alternativos directivos.

2. Las revisiones literarias se basan en medidas cualitativas y estudios de caso siendo más optimistas en sus resultados.

Mendieta (2016) lleva a cabo una revisión literaria sobre 27 revisiones literarias que analizan la terapia gestalt como “medio hacia la recuperación de la función mental y somática”. Encontraron resultados positivos en el tratamiento de trastornos mentales como la depresión (Rude & Bates, 2005; Imes et al., 2002), ansiedad y estrés postraumático (Butollo et al 2016; Balfour, 2013; Imes et al., 2002; Hagl et al., 2015 ), fobia ( McCullough & Andrews, 2001), trastorno de personalidad límite (Knez, Gudelj & Svesko-Visentin, 2013) y trastorno de personalidad esquizoide y paranoide (Llanos, 2010). Así mismo, apunta a un efecto beneficioso de la terapia gestalt en condiciones de tipo físico, como enfermedades crónicas entre las que están la hipertensión arterial (HTA) (De Oliveira & Carneiro, 2015), la enfermedad cardíaca, el cáncer, el dolor de espalda crónico y la artritis reumatoide (Imes et al, 2002), el latigazo cervical (Saferiadis et al. 2016) y el dolor de cabeza crónico Stonnington (Kothari & Davis., 2016). En todos estos trastornos se destaca que “las técnicas gestálticas crean un clima favorecedor de técnicas de autocuidado”, y se destacan en la revisión aspectos del trabajo del terapeuta gestáltico respecto al cuerpo como: “reconocer las áreas bloqueadas del sí mismo, hacer inteligibles los mensajes del cuerpo físico expresados mediante síntomas somáticos y restablecer los desequilibrios de autorregulación que existen en el organismo, habiendo identificado sus necesidades previamente” (Mendieta, 2016). Se puede acceder a otro resumen del metaanálisis realizado por Elliot y Freire (2008) en el que se afirma que las terapias centradas en la persona, entre las que se encuentra la terapia gestalt, son altamente efectivas. El aporte de pruebas que respalde tal afirmación es otro cantar.

¿Qué conclusiones podemos sacar de los estudios y bibliografía?

Hasta el momento y teniendo en cuenta la evidencia disponible, la terapia gestalt no ha demostrado ser eficaz para ningún problema, trastorno o condición psicológica por varias razones:

  1. Escasez de estudios de calidad que evalúen la eficacia de la terapia gestalt. Ya hemos visto que apenas existen ensayos controlados aleatorizados (ECA) que como sabemos son uno de los estudios sobre eficacia de más calidad.
  2. Los estudios presentan deficiencias y limitaciones importantes en su calidad metodológica: Bajos tamaños de las muestras (en algunos casos hasta desconocidos), malos o nulos procesos de aleatorización y uso de grupos control y la escasa o nula concreción en los métodos terapéuticos empleados.
  3. Dificultades para valorar la metodología de intervención empleada, ya que entre los artículos disponibles, algunos incluyen aproximaciones humanistas globales, mientras que otros utilizan alguna técnica gestalt concreta, encontrándose gran variación entre las intervenciones: terapia expresiva y de apoyo en grupo, terapia breve en grupo, terapia del diálogo con la silla vacía, actividades en grupo, trabajo en grupo centrado en la persona etc.
  4. Ausencia de una base teórica unificada y sólida en el modelo de la terapia gestalt. Su modelo terapéutico carece de validez clínica real, carece de validez clínica real, falta de rigurosidad y de coordinación en la aplicación de sus métodos terapéuticosticos.

¿Por qué no hay mejor evidencia en la Terapia Gestalt?

Hay autores que defienden que la terapia gestalt surgió de la necesidad de abordar cuestiones como los estados alterados de conciencia y aspectos humanistas y experienciales que se comportan de maneras poco controlables y predecibles. Para ellos su trabajo no puede ser abarcado por la metodología científica actual: “se trabaja con experiencias y estados de conciencia en los que un modelo fijo de trabajo a nivel terapéutico no es de utilidad” (Naranjo, 1990). Asumir esto es peligroso porque deja demasiado margen a la interpretación, a la ambigüedad, a los sesgos y a la improvisación del terapeuta. Es común observar esta manera de pensar, sobre todo en terapeutas de ramas humanistas, que tienden a hacer un collage que denominan “terapia integradora”, asumiendo que el eclecticismo enriquece, sin entender que muchos aspectos que intentan aunar son incompatibles o incoherentes entre sí.

Algunos autores gestálticos se defienden diciendo que el modelo de psicología basada en la evidencia aplica un criterio influido por el modelo TCC para evaluar la efectividad de una técnica psicológica. No es así, simplemente es la orientación que más se ha preocupado por hacer estudios de eficacia. Argumentan, igualmente, que “una aproximación así impone una sobresimplificación del sistema de la gestalt, y que aunque puede aportar información valiosa, no puede validar o invalidar la efectividad de una práctica terapéutica gestáltica” (Yontef y Jacobs, 2008). Esto podría ser así, si no fuera por el hecho de que los criterios de Chambless y Hollon (1998), los que recomienda la APA para designar el nivel de evidencia son bastante laxos. Aun así, no llegan ni al mínimo. Es decir, la terapia gestalt no llega ni a ofrecer un nivel mínimamente aceptable de investigación sobre su  posible  eficacia en la práctica clínica.

Conclusiones y Reflexiones:

La Terapia Gestalt no cuenta con ningún tipo de evidencia para ningún problema o trastorno psicológico. Los estudios realizados son escasos y su calidad metodológica es mala. La dificultad para estudiar los beneficios de una intervención debido a su falta de concreción, sistematicidad, ausencia de protocolos terapéuticos y mezcla de conceptos teóricos e intervenciones clínicas lo ponen muy difícil para saber qué funciona y qué no.

Podríamos afirmar sin duda que la terapia gestalt es una forma de pseudoterapia por varias razones:

  1. Presenta un modelo teórico inespecífico, incoherente y ambiguo. Basado en teorías del comportamiento humano que no han sido demostradas o directamente rechazadas por la comunidad científica (como la energía orgónica, la terapia reichiana, los Holones ). Mezcla supuestos teóricos del psicoanálisis (Ferenczi, W. Reich, K. Horney) con psicodrama y enfoques filosóficos orientales (como el taoísmo o el budismo Zen), fenomenológicos existenciales, e ideología religiosa. Sin embargo, en su presentación social se muestra como una terapia científica, defensora de un paradigma a la “vanguardia” de la ciencia, el holísmo. Aquí se apropian todo tipo de conceptos y terminología aparentemente científica como las relacionadas con la psicología gestalt (que no es lo mismo que terapia gestalt), el evolucionismo, la teoría de campo de Kurt Lewin y por supuesto la mecánica cuántica, entre otros. El resultado es un batiburrillo de ideas que intentan que suenen científicas, pero que el modelo no consigue integrar -pese a que lo intenta- de manera coherente o consistente y que confunden al usuario. La terapia gestalt es tan abierta a la interpretación, tan subjetiva, que cualquiera -o nadie- puede encontrarle sentido.
  2. El objeto de intervención es igualmente inespecífico o ambiguo. Ya que sin negar la psicopatología no consideran que sea objeto de intervención. Es igualmente complejo concretar y conceptualizar en investigación términos como “el aquí y el ahora” (problema que comparte con el mindfulness), “toma de conciencia”,”darse cuenta o awareness“, “aspectos integrativos”, “autorrealización”, “posicionamiento existencial” y”potencial humano”, entre otros muchos.
  3. En la terapia Gestalt no existen tratamientos protocolizados. Es más, se tiende a evitar preparar o planear en exceso o con antelación un tratamiento o cualquier tipo de intervención. Sus defensores consideran que la terapia evoluciona a medida que avanzan las sesiones, y se orienta hacia la persona y su vida como un ser completo en lugar de intervenciones centradas en sintomatología de manera aislada. Al no haber protocolos de intervención en ningún problema es imposible hacer una análisis pre y post intervención ni en estudios ni en la práctica clínica. Pura subjetividad e improvisación.
  4. Las técnicas terapéuticas utilizada son igualmente inespecíficas, sin evidencia y adquiridas de otros modelos. Por ejemplo, técnicas del psicodrama como la ‘silla vacía’, en la que la persona imagina en la silla vacía a una parte de su personalidad, una persona ausente, un sentimiento o una situación determinada con la que tiene un conflicto, comenzando así un dialogo. Otras técnicas que se suelen realizar son el mindfuness que ayuda a su toma de conciencia, el análisis y técnicas bionergéticas que  surgen de la idea de que existen bloqueos energéticos de nuestro cuerpo para acceder a los conflictos latentes no expresados ni resueltos de la persona; la musicoterapia con técnicas concretas como el Inner Sound (terapia de sonido que consigue también crear la expansión o contracción interna necesaria para liberar o integrar bloqueos), o técnicas propias de la terapia regresiva.
  5. Al no contar con una investigación adecuada a sus espaldas tampoco conocen los efectos iatrogénicos de sus intervenciones. Existen voces de alarma sobre los efectos negativos de esta terapia en sus usuarios y el entorno donde se suelen denunciar cambios radicales del comportamiento parecidos a lo que acontecen cuando ingresas en una secta (egocentrismo, anteponiendo deseos personales a las necesidades o deseos de los demás, conflictivos, culpabilizadores, demandantes, antisociales, etc.).
  6. Los terapeutas gestálticos no siempre son psicólogos esto es un importante problema de salud pública ya que este intrusismo profesional (si conoces algún caso por favor denúncialo) supone un peligro para el usuario de estas intervenciones y un desprestigio para la comunidad de psicólogos. A estos últimos son los que expongo esta reflexión:  Como profesionales no deberíamos ejercer esta terapia por la falta absoluta de evidencia que la respalde. Recordemos que “…el/la Psicólogo/a no utilizará medios o procedimientos que no se hallen suficientemente contrastados” (Artículo 18º del código deontológico de psicología) y su ejercicio profesional “…no deberá ser mezclado, ni en la práctica, ni en su presentación pública, con otros procedimientos y prácticas ajenos al fundamento científico de la psicología” (Artículo 21º).

Sueño con el día en que los colegios oficiales de psicología defiendan con contundencia una psicología rigurosa y científica, y prohiban la pseudociencia desde el corazón mismo de nuestras instituciones. Sueño con el día en que la psicología sea psicología y no psicologías alternativas.

 

Respondiendo a una réplica (Ampliación):

Como comenté al comienzo, la publicación del artículo suscito muchos comentarios y críticas de los defensores de la gestalt y la autora de alguna de las referencias que cito en el mismo a favor de esta terapia y columnista de Psyciencia escribió una réplica titulada: “La Terapia Gestalt no es una pseudociencia ni una mala ciencia“. Me gustaría dedicar un pequeño análisis a este artículo de “réplica” porque es muy representativo de lo que ocurre en algunas ramas de la psicología cuando analizas críticamente algo.

Para empezar la autora no enlaza estudios que respalden sus argumentos. El único estudio al que hace referencia es un metanálisis de principio de los años ochenta que concluye que “no hay evidencia de que los beneficios de la psicoterapia sean mayores que los del tratamiento con placebo“. Mucho ha cambiado la investigación en estos últimos 35 años como para poner este estudio como ejemplo de “muchos trabajos científicos metodológicamente correctos“. No hay más que dejarse caer por la base de datos de la Cochrane, NICE o la misma APA para ver como ha cambiado el panorama.

El recurrir a este estudio se entiende mejor cuando lo que quiere dejar claro la autora es que a pesar de estos resultados (los del estudio que cita) “no me siento agredida, dejo de creer en los beneficios de mi trabajo como terapeuta gestalt, ni tampoco se me ocurre iniciar una cruzada para desprestigiar la metodología científica de unos trabajos por mucho que estos cuestionen la utilidad de mi actividad profesional“. Los que defendemos la psicología basada en evidencia o en pruebas no nos sentimos tampoco agredidos solo que buscamos las últimas y mejores investigaciones que pretenden legitimar tratamientos, técnicas y teorías (sin importar su orientación o modelo) que presenten suficientes pruebas empíricas de calidad que respalden sus resultados.

Lo que más me llama la atención de esta réplica es que comienza diciendo que mi artículo está basado en “dictámenes descalificadores fundamentados en planteamientos encorsetados de quienes esgrimen la metodología científica como único marchamo de calidad para ponderar una terapia psicológica“. La pregunta que rápidamente te viene a la mente es: ¿existe una forma mejor de valorar la calidad de una intervención? ¿Si no es mediante el método científico, cómo pretende la autora valorar la efectividad/eficiencia de una terapia? ¿Quizás con “a mis pacientes le funcionan”, “a mi me funciona” o “hay muchas personas que saben mucho que les funciona”?

Sin embargo continua diciendo: “y sobre todo quienes niegan validez y metodología científica a cualquier psicoterapia que no se ajuste al racionalismo de la terapia cognitivo-conductual (TCC).” Primero niega la validez del método científico para valorar la terapia gestalt e inmediatamente después dice que quien niega la validez y metodología son los defensores de la TCC”. Hay que aclarar que el movimiento de la psicología basada en la evidencia o en pruebas (PBE) es un modelo metodológico, no se casa con ninguna aproximación, no son defensores de la TCC, solo importa la calidad de las pruebas que los investigadores puedan aportar.

En los siguientes párrafos podemos observar como la autora equipara PBE a TCC, habla de “cliché monotemático”. Y después entra en una serie de aspectos hace años superados como que “la terapia cognitiva sublima a la razón frente a las emociones(nótese el referente psicodinámico en la sublimación) , “que las personas sufren por la interpretación que se realizan de los sucesos y no por estos en sí mismos” y una serie de afirmaciones que hablan más de Epicteto que de la TCC actual.

La autora afirma que la terapia cognitiva es la única avalada por la metodología científica dejando entrever una suerte de monopolio, como si los investigadores fueran todos TCC y solo quisieran comprobar sus teorías y expulsar a los otros. Solo tiene que ver las guías de práctica clínica y observar como otras aproximaciones como la terapia de conducta, la terapia dialéctica conductual, la terapia sistémica o la terapia centrada en las emociones entre otras cuentan con cierto respaldo de investigación.

La creencia en este monopolio de los investigadores TCC lo refleja cuando dice que ellos “execran a cualquier otra terapia psicológica e incluyen a la terapia gestalt en el mismo saco que las falsas terapias considerándola una pseudociencia, porque tienen un “rechazo obsesivo, a un absoluto desconocimiento de la TG, a una jactanciosa soberbia de creerse en posesión de la verdad, o también al frecuente vicio de la generalización basada en la ignorancia.” Así tal cual. Si presentas un análisis con estudios y referencias vinculadas, cuando te haces eco de lo que las guías de práctica clínica recomiendan como intervención eficaz execras a los demás, eres soberbio, generalista e ignorante. Lo único que puede explicar este tipo de pensamiento conspiranoico es la ignorancia del proceso en la que se basa la psicología basada en evidencia o la metodología de investigación más elemental.

Posteriormente recurre al argumento de autoridad: “la terapia gestalt cuenta a nivel internacional con eminentes personalidades de reconocido prestigio”, cita a una serie de personas y prosigue; ” cuyos artículos, libros y trayectoria académica hablan por si solos del prestigio de una terapia seria, eficaz y con un marco teórico que nada tiene de «mala ciencia» como algunos detractores preconizan”. Si eso es así,  ¿por qué no hay evidencia de eficacia para ningún problema psicológico en toda la literatura científica? ¿Por qué los estudios que hay metodológicamente son malos? ¿Por qué no existen protocolos de intervención para ningún problema? 

La autora al menos dice compartir mi opinión respecto a que «los estudios de eficacia de la TG son escasos y de baja calidad metodológica» y reconoce que “la terapia gestalt mostró muy escaso interés por la realización de artículos científicos que validaran a esta terapia“. Vuelve a equivocarse en el argumento en que la Terapia Cognitivo Conductual “es el único tipo de psicoterapia cuyos resultados son validados por el método científico“. No es cierto, nuevamente tenemos la EMDR para el trastorno de estrés postraumatico o la terapia familiar para Anorexia Nerviosa, entre otras muchas.

En el siguiente párrafo afirma que la Terapia Cognitivo Conductual es el único tipo de psicoterapia cuyos resultados son validados por el método científico. Continúa “se entiende que la eficacia de la TCC tiene el aval de gran cantidad de trabajos clínicos realizados con pacientes, algo que escaseó (y sigue escaseando) en la terapia gestalt y que ha condicionado que adolezca del aval científico del que tanto alardea la TCC”  ¿Que tanto alardea la TCC? ¿En serio? ¿Alardear de aval científico es hacer ver que es necesario este camino para hacer una psicología con más rigor? Y continua: “pero no es motivo suficiente para negar de pleno su eficacia y validez como terapia, que la tiene, tanto como contrastada está por la evidencia clínica.” ¿Pero dónde está esa evidencia? ¿Es usted capaz de referenciarla para que todos nosotros podamos comprobar ese argumento más allá del yo creo que funciona o hay montón de autores muy buenos trabajando y escribiendo libros?

Y el sumun de la conspiranoia monotemática de los malvados investigadores de la TCC viene aquí: “La inadvertencia de los psicoterapeutas de la gestalt para realizar y publicar trabajos ajustados al método científico que validen lo que la práctica clínica confirma, se ha utilizado como un arma arrojadiza por el sector más radical de la TCC en un intento de apropiarse en exclusiva de la psicología clínica.”  El argumento es buenísimo, primero reconoce que los psicoterapeutas gestálticos han pasado totalmente de realizar y publicar trabajos ajustados al método científico y que por eso los “hooligans” de la TCC arremeten contra ellos para apropiarse en exclusiva de la psicología clínica. Realmente bueno. Los malos son los TCC no nosotros que pasamos de hacer ese engorroso trabajo que supone la investigación científica con metodología de calidad y exigimos que se nos acepte de la misma manera. Aquí todo vale. Los malos son los TCC y no nosotros que violamos sistemáticamente los artículos 18 y 21 del código deontológico de nuestra profesión. Por favor, que pare ya esta caza de brujas a los probres gestálticos.

En fin sigamos porque la cosa no acaba aquí.

La autora dice que : “Censurar la «tremenda variación en la técnica o metodología de gestalt aplicada» no es un argumento de consistencia para incapacitar a la terapia gestalt, ni para desautorizar a ninguna disciplina, pues las discrepancias son muestras de la pluralidad de criterios, pero no premisas de las que se concluya que todo lo que se aleje de una tendencia debe condenarse como anatema o pseudociencia.”. A ver,  nadie está censurando, se analiza. Cuando se critica la tremenda variación técnica es por lo que muchos autores de metaanálisis advierten: una incapacidad de poder valorar la metodología de trabajo empleada en un problema en concreto. Esto unido a la ausencia de protocolos de actuación porque los terapeutas gestálicos lo consideran innecesario y la falta de concreción hace imposible su adecuado estudio.

El texto continua hablando de las escuelas de la gestalt (no sé muy bien por qué), para volver al discurso de que los terapeutas gestalt “sean descalificados por la ortodoxia omnisciente de sus compañeros de profesión quienes los tildan de acientíficos adscritos a una pseudociencia.” Prácticamente sitúa a la TCC como la Iglesia inquisitorial y ortodoxa que persigue e intenta excomulgar, o algo peor, a los avanzados e incomprendidos terapeutas gestálticos.

Cuidado que vienen curvas, la autora continúa :”Seamos claros y valientes. Yo al menos voy a serlo, como también seré crítica al manifestar que el método científico no puede —ni debe— ser utilizado como patente de corso para validar cualquier práctica —sea la que sea— ” Así tal cual. Y sigue: “sin antes reconocer que es un método susceptible de falibilidad, subjetividades en su interpretación, manipulación y sometimiento a intereses ajenos a la ciencia como, por ejemplo, los intereses económicos.” ¡Toma ya! La autora tira de los problemas relacionados con la investigación (conflicto de intereses o sesgo de publicación) para decir que no puede ni debe ser utilizado el método científico para validar cualquier práctica. Los problemas que cita tienen que ver con hacer mala ciencia, utilizar de forma inadecuada la metodología no con el método científico en sí mismo. Este es una forma de pensar, de acercarse al conocimiento. Cambiante, falsable, en constante evolución. Nunca se habla de la Verdad si no de lo que se sabe hasta este momento basado en las pruebas. La ciencia no es ni de lejos perfecta, pero es la mejor forma que tenemos de conocer nuestro mundo y a nosotros mismos.

La autora cambia su argumentación y alude a la similitud entre psiquiatria y psicología ya que en ambas no se conocen los mecanismos de acción de sus intervenciones terapéuticas. No podemos comparar las dudas respecto a los mecanismos de acción que relacionan ciertos neurotrasnmisores y trastornos psicológicos concretos con las teorías que defiende la gestalt como la coraza muscular, los bloqueos psicológicos, etc., que sabemos que son falsas. La crítica a la terapia gestalt no se le hace sobre sus mecanismos de acción porque, lamentablemente, la mayor parte de la investigación no se centra en eso. Se la critica porque no cumple los estándares mínimos para considerarse una disciplina científica (modelo teórico coherente y consistente con el resto del corpus científico, objeto de estudio concreto y bien conceptualizado, metodología de investigación rigurosa y de calidad entre otros)

La terapia gestalt no cumple con ninguno de estos criterios pero no se le puede criticar ya que si lo haces se lo toman como un ataque personal. No es así. Se analiza y se critica una idea no a las personas que lo hacen. La psicología es una ciencia, en sus primeros estadios, inmadura quizás pero una ciencia y como tal convive en su origen con parcelas de su conocimiento que no son rigurosos (la química tenía la alquimia o la astronomía la astrología) Nuestro deber como psicólogos es cribar, depurar y afinar nuestro corpus teórico y nuestras intervenciones y para eso debemos estudiar en profundidad y ser autocríticos. Eso es la ciencia, autocrítica, evolución y conocimiento gradual de nuestra disciplina.

Cuando pones en marcha este proceso siempre están los que se ofenden y dicen  que es “emprender un ataque contra alguien o algo que no esté en sintonía con las propias directrices y convicciones“, un ataque que según ella “parte de la soberbia de creerse en posesión de la verdad desde un sectarismo que valora la validación, la metodología y la estructura del procedimiento por encima de los resultados obtenidos en el bienestar del paciente.”  No compañera, no es así. Que en investigación sea tremendamente importante probar las cosas lo único que busca no es la “posesión de la verdad”, busca garantizar el bienestar de los pacientes/usuarios y que los psicólogos que realizan la intervención cuenten con las mejores herramientas disponibles para su ejercicio profesional respetando y cumpliendo el código deontológico.

Por último la autora acaba diciendo: “La no demostración de la eficacia de un procedimiento terapéutico no implica que éste sea ineficaz y aun menos una pseudociencia.” Totalmente de acuerdo, aunque este es un argumento típico de las personas que no quieren demostrar sus teorías mediante la investigación. Continúa diciendo “Si la terapia cognitivo conductual hubiera prescindido de publicar trabajos científicos en las décadas precedente y hoy siguiera siendo tal cual es, no por ello se convertiría en una mala praxis falaz, engañosa o peligrosa. Del mismo modo, que la terapia gestalt no se prodigara en publicar artículos, no es razón para tildarla de pseudociencia.” La diferencia está en que desde el principio, hace más de medio siglo, la TCC tuvo un tremendo interés en comprobar sus postulados y sus técnicas mediante la investigación y la terapia gestalt a día de hoy todavía no lo considera necesario.

En resumen la terapia gestáltica se puede considerar pseudocientífica porque quiere hacer pasar por científico aspectos de su teoría y técnica que no lo son y tiene una fuerte tendencia acientífica en la negación de la investigación científica para probar sus postulados e intervenciones. La autora reconoce que hay pocos estudios y de baja calidad en la terapia gestalt y solamente se sitúa en la argumentación que la TCC se aprovecha para atacar la terapia por estas deficiencias y porque quiere el monopolio de la psicología clínica. Espero que en el futuro cuando alguien analiza críticamente una aproximación (cosa muy sana si de ciencia estamos hablando) esto no implique, como dice la autora, “iniciar una cruzada para desprestigiar la metodología científica de unos trabajos por mucho que estos cuestionen la utilidad de mi actividad profesional.” Y de esta forma centrarnos en lo importante: la calidad asistencial a nuestros pacientes/usuarios.

 

Sergio García Morilla

PsicoSalud. Gabinete de Psicología en Tenerife.

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Sergio García Morilla Psicólogo Sanitario. Máster en psicología clínica y de la salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas y trastornos psicológicos. Twitter
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1 comentario
Pseudo
Hace 4 meses
El punto 5 de las conclusiones es toda una contradicción al discurso científico que llevaba el artículo. Por lo que veo, no estás exento de la influencia de la pseudociencia.
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