21 abril, 2018

La intolerancia al sufrimiento

Mucho se ha hablado de la medicalización de la vida cotidiana y el sufrimiento. Se recetan medicamentos y se diagnostican trastornos para aspectos de la vida que se perciben como problemas y no lo son. La tristeza que sentimos al perder a un ser querido o el estrés que supone lidiar con el trabajo y cuidar de nuestros hijos son reacciones emocionales patológicas en un mundo en el que debemos estar siempre felices. Pero, ¿realmente es posible solucionar el sufrimiento que generan estas situaciones?

El sufrimiento es parte inherente de la vida. Vivir supone experimentar infelicidad y angustia, tristeza y ansiedad.

Si nos centramos solo en la ansiedad, por ejemplo, hablamos de una respuesta del organismo que se experimenta a diario. Es desagradable casi siempre. A nadie le agrada sentirse ansioso. Pero es normal sentir ansiedad ante un conflicto laboral o familiar. Es una reacción necesaria y saludable ante algunos sucesos vitales. Y no la toleramos. Queremos que desaparezca “ya” esta desagradable emoción. Desde que aparecen los primeros síntomas corremos ávidos en busca de un diagnóstico y un tratamiento para que desaparezca.

Hemos convertido nuestras respuestas a situaciones cotidianas en patología.

Cuando estas respuestas a nuestro día a día se patologizan deben ser tratadas por profesionales de la salud. No me permito estar triste cuando pierdo a mi madre porque estar tristeza es enfermedad, es malestar, es desagradable y no lo tolero. Algunos autores lo denominan “tolerancia cero”. Con estos síntomas inespecíficos y variables acudimos al profesional de salud. Y éste nos prescribe tratamientos ineficaces para una patología inexistente. Así, situaciones como el duelo, el síndrome postvacacional, una ruptura sentimental o incluso la timidez se convierten en situaciones de la vida potencialmente medicalizables.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene parte de responsabilidad en esta creciente intolerancia al sufrimiento. Ya no define la salud como la mera ausencia de enfermedad si no como un estado de bienestar físico, mental y social absoluto. Y esto no es posible todo el tiempo. Al no aceptarse esta premisa se han buscado medidas extraordinarias que combatan esta infelicidad y angustia. Si no consigues estar feliz todo el tiempo, tienes una enfermedad o un trastorno. Si no consigues curar esta enfermedad, es porque no quieres o no te esfuerzas. Por tanto lo que hemos conseguido es una sociedad que sufre en silencio frustrada por no poder alcanzar ese estado de bienestar absoluto que define la OMS.

No dejes que te engañen. No existe medicamento o tratamiento alguno que evite que eches de menos a tu madre, que sea estresante el hecho de compaginar el ser padre con tu trabajo o que te genere ansiedad un conflicto familiar. Acepta el sufrimiento como parte de tu vida, la infelicidad como algo normal y la angustia como una reacción indefectible. Si consigues vivir con ello, paradójicamente serás feliz en una proporción de tiempo mayor que el resto de las personas que se esfuerzan en no sufrir.

Psico·Salud. Gabinete de Psicología en Tenerife.

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Tais Pérez Domínguez Psicóloga sanitaria. Máster en Psicología Clínica y de la Salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamientos de problemas y trastornos psicológicos. Twitter

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