28 mayo, 2018 1 comentario

¿Tienes miedo al fracaso?

Muchas personas tienen miedo al fracaso. El miedo es la sombra que nadie quiere tener a sus pies, intentamos huir de él, aún sabiendo que nunca se podrá despegar de nosotros. Al igual que el resto de emociones, forman parte inseparable del ser humano, nos acompañan en nuestro camino, marcando la dirección  y el color de nuestros pasos.

¿Qué entendemos por miedo?

El miedo se define como la reacción emocional ante una situación o estímulo que nos resulte amenazante, ya sea real o imaginado, presente, pasado o futuro.  Es decir, se puede tener miedo a una situación real que nos resulta peligrosa, como una operación médica. O miedo a una situación que no se ha dado y puede que nunca se de, como temer tener un accidente de tráfico. Existe la posibilidad de que sintamos el miedo a un acontecimiento pasado, al revivirlo como doloroso o amenazante y pensar que vuelva a repetirse.  Así como temer un situación futura que pueda ser real, ( que quebre la empresa en la que trabajas) o una situación hipotética (enfermarse).

¿Qué es el miedo al fracaso?

Una de las formas de la que se viste el miedo, es del miedo al fracaso. El miedo al fracaso se define como miedo a cometer errores, equivocarse o fracasar, por lo que la persona actuará en pro de evitar las consecuencias afectivas negativas de fracasar.

El miedo al fracaso puede llegar a ser paralizante y limitante. Las personas que lo sufren temen de una manera intensa e injustificada el cometer errores o equivocarse.  Pese a que la persona tenga un fuerte deseo de vivir experiencias nuevas, el miedo le conduce a evitar las actividades que requieran esfuerzo, todo ello por evitar las emociones negativas que, para ella, acompañan a su posible fracaso.

¿Cómo se manifiesta?

Esta reacción emocional despierta pensamientos de preocupación, como por ejemplo: “no lo voy a lograr”, “voy a perder”, “me voy a equivocar y se reirán de mi”, “mejor ni intentarlo”. Les acompaña una intensa sensación de inseguridad, de poco control sobre la situación,  de falta de habilidades o estrategias.

Este tipo de pensamientos  se asocia a unas sensaciones corporales típicas del miedo y de la ansiedad: sudoración, sofoco, palpitaciones, sequedad de boca, opresión en el pecho, ruborización, entre muchas otras.  En todas las personas no se manifiestan las mismas sensaciones ni con la misma intensidad.

Como consecuencia, nuestro comportamiento se puede dirigir principalmente a huir de la situación, quedarnos paralizados o evitarla a toda costa. Si por alguna razón no pudiéramos evitarla, aparecerán pensamientos de preocupación antes de que ocurra la situación temida, además de las sensaciones físicas antes nombradas.

Pongamos un ejemplo: enfrentar una entrevista de trabajo.

La persona puede sentir un fuerte miedo a fracasar. Puede pensar que no da la “talla”, se puede sentir intimidado ante la evaluación por parte de los entrevistadores, como si “vieran su debilidad”.  Ante esta situación la persona presenta determinados pensamientos, principalmente de preocupación o fracaso “seguro que no me cogen” “ ¿y si me quedo en blanco?”, “seguro que hay candidatos mejores”.  Junto a estos pensamientos, se darán sensaciones físicas, (como por ejemplo sofocos, sudoración y/o palpitaciones).  Frente a este hecho, podemos reaccionar de dos manera:

  1. Acudir a la entrevista a pesar del miedo . Es probable que antes de la cita  te invadan pensamientos de preocupación, “estés de los nervios”. Por ello, a lo mejor tu comportamiento durante la entrevista sea inseguro, torpe, tiembles al hablar, olvides información o que no sea capaz de responder a determinadas preguntas.  Incluso, al finalizar la entrevista, es posible que tengas presente  pensamientos catastróficos relacionados con los que tuviste antes de la entrevista:  “lo voy a hacer mal= que mal lo hice”, tal vez rumies sobre lo sucedido, te culpes y critiques por tu comportamiento.
  2. No acudir a la entrevista. Así evitas la situación con el fin de eludir las sensaciones y sentimientos que te provoca afrontar el encuentro (inseguridad) así como la posibilidad de fracasar (equivocarnos o que no le seleccionen). En este caso probablemente es más potente el dolor que supone imaginar o anticipar un fracaso que la ilusión que acompaña al premio.  Como consecuencia, es probable que ante otra situación que nos genere miedo al fracaso,  decidamos evitarla en lugar de enfrentarla.

¿Cómo sé que tengo miedo al fracaso?

Probablemente este miedo al fracaso llegue a ser un problema si te sientes identificado con la descripción que tenemos a continuación.

Si evitas las situaciones en las que crees que existen posibilidades de fracasar (esto implica equivocarte, que te critiquen o no lograr lo que pretendes).  Si eres de los que se sientes inseguro constantemente, tienes una visión negativa de ti mismo y te criticas con frecuencias.

Has rechazado plantearte metas, por creer que no las lograrás o que no eres lo suficiente capaz como para conseguirlo.

Te sientes indeciso y con dificultad a la hora de tomar decisiones.

Como resultado de evitar afrontar las situaciones en las que temes fracasar, tu vida se ha visto deteriorada en algún aspecto. Ya sea porque vivas con falta de motivación, con miedo constante, por tener problemas laborales o económicos, por tener problemas o carencias en las relaciones sociales o románticas,  y por no sentirse realizado.

¿Cuáles son las consecuencias de vivir con miedo al fracaso?

Como comentamos anteriormente, actuar en base al miedo al fracaso en nuestro día a día nos conduce a la evitación. Esta es la manera en la que las personas evitamos a toda costa experimentar emociones y sensaciones que resultan desagradables para nosotros. Para ello, eludiremos las experiencias que provoquen dichas emociones.

A continuación, exponemos algunos ejemplos y sus consecuencias:

– Sentir miedo a fracasar:
  • Ante un nuevo puesto de empleo, se evitará presentarse a la candidatura, teniendo como consecuencia el no tener trabajo o el no promocionar dentro del mismo;
  • Si tienes exámenes o estás estudiando: es posible que la persona evite presentarse a los exámenes, teniendo como consecuencia suspensos y no lograr el título, por lo que restará posibilidades a promocionar en el mercado laboral.
  • Cuando te planteas tener una relación de pareja, puedes evitar el formar una pareja estable. Niegas el afecto y la creación de una familia.
  • Ante nuevas experiencias como el viajar, afrontar actividades novedosas,  evita vivir experiencias que sean motivantes y satisfactorias para la persona.
  • A desplegar la creatividad, posponiendo proyectos o evitando expresar su creatividad ya sea de forma artística, laboral-emprendedora,
  • A no caer bien, eludiendo relacionarse o crear nuevos grupos de amigos. De este modo también se evitan actividades que impliquen relacionarse con los demás o conocer gente nueva. Llegando a aislarnos socialmente y a no crear ningún vinculo.
  • Ante un reto deportivo, evitando enfrentar competiciones o a desarrollarse deportivamente.

Si nos dejamos llevar por el miedo al fracaso nos sentiremos insatisfechos. No experimentaremos aquello que deseamos, no buscaremos afrontar retos con los que nos sintamos realizados y pospondremos las metas que despierten nuestra ilusión cada mañana. Nuestra autoestima puede verse mellada por el mero hecho de no confiar en que podemos lograrlo. Si creemos que vamos a fracasar frente a un reto o evento que sean de nuestro interés, se pospondrá o se evitará afrontarlo. Así nunca ponemos a prueba nuestra capacidad ni nuestras habilidades. Y por tanto será cierto que no podemos lograrlo,  de que no eres capaz o no vales lo suficiente.  ¿Conoces la sensación de ver como otro si afronta lo que tu temes?

¿Cómo puede ayudarte un psicólogo?

El apoyo de un profesional supone un gran beneficio para nuestro desarrollo, lo primero que puede hacer un psicólogo es ayudarte a entender qué es lo que te pasa y el por qué. De esta manera te sentirás más seguro con tu situación. Además de favorecer el que te des cuenta de los momentos en los que sientes miedo a fracasar y en ver cómo es tu comportamiento en esas situaciones.

Asimismo, te ayudará a plantearte y priorizar objetivos en la vida, estos funcionarán como un motor de motivación. Es posible, que muchos de estos objetivos lo hayas dejado en el camino, ahora es el momento de recuperarlos.

Te acompañará y dará estrategias para afrontar cualquier tipo de situación, aprendiendo a convivir con el miedo como parte de nuestro ser.

¿Qué estrategias o herramientas puedo aprender para superarlo?

Exponemos varias estrategias útiles que te ayudarán a  afrontar el miedo al fracaso.

  • Clarifica tus valores, es decir, lo que es importante para ti en la vida, en base a ello, plantea los objetivos que desees conseguir
  • Márcate metas realistas, en función de tus objetivos, si es necesario divide las tareas en pasos pequeños que vayas logrando consecutivamente.  Ejemplo: ante la meta de comenzar una actividad deportiva grupal, las tareas pueden dividirse en varias. Como por ejemplo elegir la actividad, buscar en qué lugares se imparte, horarios y precios. Además podremos acudir a visitar el lugar, comprar o buscar la vestimenta o el material necesario. También podríamos ir a una clase de prueba sola o acompañada y  acudir a la actividad de manera continua.
  • Establece un periodo de tiempo flexible para cada objetivo y céntrate en una tarea cada vez. No seas muy estricto porque puedes frustrarte. Pero tampoco dejes un periodo muy amplio, porque puedes perder interés en la tarea. Siguiendo el ejemplo, se puede establecer un periodo de unas dos semanas por cada tarea.

Pero también…

  • Ten presente los logros que vas a conseguir y las ventajas de los mismos. Esto te motivará en el proceso y será un impulso en los momentos que te resulten más difíciles. Por ejemplo: algunas de las ventajas de comenzar esta nueva actividad con conocer gente nueva, mejorar tu salud, tonificar tu cuerpo, divertirte y estar al aire libre.
  • A medida que avanzas en cada paso y vas logrando las metas propuestas, evalúa si sigues en el camino que te dirige a donde quieres llegar. Este camino se va construyendo en base a los valores y lo que sea importante para ti en la vida. Por ejemplo: si comenzar una actividad nueva, te resta demasiado tiempo para compartir con tu familia. Y tu familia es lo más importante para ti, habría que volver a valorar los objetivos y el proceso. Para que éstos objetivos no te alejen de lo primordial en tu vida y te generen insatisfacción.
  • Aprende del camino y de los resultados, sean cuáles sean. Toda experiencia es un aprendizaje . Observa lo que hiciste bien (lo que te llevó a conseguir lo que buscabas) y aquello que puedes mejorar, para llevarlo a cabo la próxima vez.

Bibliografía:

Alvarez, J. F. L., & Noriega, J. A. V. (2010). Orientación al logro y evitación al éxito en población que habita la región noroeste del desierto de México. Artículos en PDF disponibles desde 1994 hasta 2013. A partir de 2014 visítenos en www. elsevier. es/sumapsicol7(2), 211-230.

Fernández, J. S. (1997). Sesgos atencionales en análogos subclínicos con depresión y ansiedad social. Anuario de psicología/The UB Journal of psychology, (74), 33-52.

Montañés, M. C. (2005). Psicología de la emoción: el proceso emocional. Universidad de Valencia.

Pacheco-Unguetti, A. P., Lupiáñez, J., & Acosta, A. (2009). Atención y ansiedad: relaciones de la alerta y el control cognitivo con la ansiedad rasgo. Psicológica30(1).

Pelechano Barberá, V. (2007). Miedos en adultos: Estructura, evolución y correlatos.

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1 comentario
velsid
Hace 5 meses
Gracias por el libro BESOSMIL
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