17 junio, 2018 1 comentario

Leyes del Aprendizaje. Una guía para madres y padres

El título de “padres” no viene acompañado de un “manual de instrucciones” que nos resuelve todas las dudas, ni nos da la fórmula mágica para lidiar adecuadamente con todas las situaciones difíciles que se presenten.

Es posible que alguna vez, o muchas veces, te hayas visto envuelto en un situación en la que no sabes como actuar frente al comportamiento de tu hijo/a. Que no darías por tener “un botón de stop”. En estos momentos es normal que tengas dudas, sientas miedo e inseguridad a la hora de educar o de establecer normas. Por eso hoy vamos a darte una serie de claves que te pueden ayudar a gestionar adecuadamente los comportamientos más problemáticos de los pequeños. Vamos a hacer un repaso por las leyes fundamentales del aprendizaje humano. 

¿Qué son las leyes de aprendizaje?

La psicología en una ciencia en ciernes, pero si podemos decir que tiene sus leyes. Y estas son las de aprendizaje.

Son reglas  universales,  basadas en propiedades asociativas que muestran el modo en el que dos estímulos se asocian entre sí de manera que despierten la misma respuesta (p.e. la madre que da cariño al bebé se convertirá para el bebé será un foco de afecto y despertará en él, el mismo comportamiento afectivo) y la manera en el que ciertas conductas se asocian a unas consecuencias positivas o negativas (p. e. ver a la madre se asociará a consecuencias positivas).  Todos los comportamientos responden a las mismas leyes universales.

Uno de los pioneros en descubrir estas leyes fue Edward Thorndike que formuló varios principios, uno de ellos es el principio de disposición,  éste indica que una persona aprende mejor cuando está preparado de manera física, psicológica y emocional para ello, ocurrirá lo contrario si no ve ninguna razón para aprender, en otras palabras, las personas presentan un mayor progreso si tienen motivación que si carecen de ella.

Otro de los principios es el de efecto, se basa en la reacción emocional de la persona, la cual tiene una relación directa con la motivación, por lo que el aprendizaje se facilita cuando es acompañado de un sentimiento agradable o de satisfacción. Como el dar opciones de elección a nuestros hijos o dar alternativas ante un límite, por ejemplo, “no es el momento de ir al parque, pero podemos jugar en el salón de casa o pintar en tu cuarto”. Es muy diferente que sólo indicar “no se puede ir al parque”, el niño/a se sentirá atendido en sus necesidades e intereses, además de compartir un tiempo de juego con sus padres o hermanos.

Por último, principio de primacía, señala que las cosas aprendidas primero crean una impresión y una huella fuerte en la memoria difícil de borrar.  Por lo que si desde un principio enseñamos a nuestros hijos cuál es la manera adecuada de comportarse o de actuar, estableciendo los límites claros, su aprendizaje será mucho más fácil y consolidado.

El papel de las consecuencias

La mayoría de nuestras conductas son voluntarias y están mediadas por consecuencias del ambiente. Es decir, si al realizar una determinada conducta, obtenemos consecuencias positivas para nosotros, es más probable que volvamos a repetir dicha conducta.

Por otro lado, si las consecuencias que recibimos son negativas, lo más probable es que no volvamos a repetir esa conducta o se reduzca la frecuencia de la misma. Por ejemplo, si un niño recibe una alabanza por dar las “gracias”, es probable que la próxima vez vuelva a hacer uso de esa expresión.  Del mismo modo, si un niño recibe la atención y aprobación de sus compañeros de clase al hacer burlas a otros, también es probable que vuelva a actuar del mismo modo, ya que ha obtenido una consecuencia positiva (atención y aprobación) tras su conducta (burlarse de otros compañeros).

De manera muy resumida y en base a las leyes de aprendizaje, podemos decir que existen dos maneras de educar a nuestros hijos:

  1. Por medio de refuerzos.
  2. Por medio de castigos.

¿Qué es? ¿Cómo se utiliza el refuerzo?

Son dos las técnicas basadas en el refuerzo, ambas buscan el mismo fin: hacer que se repita un comportamiento concreto.

Una de ellas es el refuerzo positivo, se trata de dar algo agradable o deseable para el niño/a después de que éste haya realizado una conducta positiva para nosotros, es decir, una conducta que queremos que vuelva a repetir.

Los reforzadores que se pueden utilizar y que son más efectivos son los siguientes:

Refuerzo social

Se trata de alabar: “muy bien”,  dar afecto (sonrisa, abrazo), atención e importancia  a las conductas que queremos reforzar, el niño/a se sentirá tomado en consideración, se sentirá útil, eficaz, además de sentir el calor del afecto.

Tiene numerosas ventajas,  se puede dar de manera inmediata a la conducta, no cuesta dinero, es poco probable que el niño/a se sacie (se aburra del reforzador), es natural y el refuerzo se puede generalizar a otros, es decir, si una madre alaba a su hijo/a tras recoger sus juguetes, es posible que los que estén alrededor también lo premien. 

El refuerzo social es un potente estimulador del bienestar del niño, por un lado se siente considerado y por otro le marcamos  el camino que queremos que siga. El refuerzo es un reto para lios adultos, debemos tenerlo en cuenta en el día a día, dado que los niños hacen muchas cosas bien diariamente, que tal vez no tengamos en cuenta.

Reforzadores materiales

Se trata de juegos u objetos que sean motivantes para el niño/a, para ello han de estar basados en sus gustos e intereses. Por ejemplo: cromos, pegatinas, lápices de colores, dibujos de pintar, etc.

Es importante tener en cuenta no abusar de este tipo de refuerzo. Por un lado pueden resultar costoso, por ello es preferible escoger pequeños objetos o dividirlos y entregarlos poco a poco como los cromos. Por otro lado es importante no incitar al niño/a al consumismo, para ello podemos usarlo en un inicio e ir retirando poco a poco el refuerzo material, fomentando la motivación intrínseca del niño/a (estar orgulloso de sí mismo), por medio del refuerzo social. 

Hay que tener cuidado ya que los niños pueden percibir el refuerzo material como un “pago” por hacer las cosas bien, generando conflicto con otros hermanos (si los hubiera), los que no reciben “nada” porque “siempre se portan bien”.  Finalmente, puede provocar saciedad, el niño/a se puede aburrir del refuerzo y ya no le resulta motivante como para realizar las conductas deseables.

Está contraindicado el uso de comida como refuerzo material, puede generar asociaciones inadecuadas y comportamientos disfuncionales en relación a la comida, aconsejamos evitarlo en la medida de lo posible. 

Se recomienda que ante esta recompensa se acompañe de refuerzo social, mejor si es específico de la conducta concreta del niño (alabanzas del tipo, “estoy orgullosa de que hayas ordenado todo tu cuarto”).

Reforzadores de actividad

Consiste en proporcionar como recompensa actividades divertidas, que sean motivantes para el niño/a y se guíen en base a sus gustos e intereses.

Tiene la ventaja de que es poco probable que se aburran de esta recompensa, resultando un potente motivador. Hay que estar atentos igualmente ya que los intereses del niño pueden variar y debemos de adaptarnos continuamente a sus demandas o estos reforzadores perderán su eficacia.

El refuerzo negativo

Consiste en retirar algo que resulta molesto, aversivo o desagradable para el niño, después de haber emitido una conducta positiva. Es decir, queremos que vuelva a repetir la conducta deseable, para ello, en lugar de darle algo agradable al hacerla (Refuerzo Positivo), le retiramos algo que para él/ella resulte desagradable.

Para entender mejor el concepto de refuerzo negativo, usaremos un ejemplo sencillo. Imagina que te duele la cabeza, lo normal es que te tomes un analgésico si el dolor continua mucho tiempo o se vuelve insoportable. ¿Qué pasará la próxima vez que duela la cabeza? Eso es, te tomarás un analgésico. La conducta de tomarte un analgésico queda reforzada negativamente porque te quita el malestar del dolor de cabeza.

Ejemplo en niños: si en casa tiene varias tareas, después de ordenar su cuarto debidamente se le puede retirar la norma de tener que bajar la basura todos los días, ahora lo hará días alternos. 

En esta técnica es importante tener en cuenta que debe existir un estímulo aversivo o al menos de que resulte molesto o desagradable para el niño/a y retirarse inmediatamente después de haber realizado la conducta deseada. 

Una conducta típica que se refuerza de manera negativa son las rabietas:

Uno de los motivos de consulta frecuente son los problemas de conducta en la infancia, en concreto, el manejo de las rabietas de sus hijos. Entendemos por rabietas aquellos episodios en los que un niño llora, grita y/o patalea  demostrando su enfado o frustración ante un límite y/o una norma.

Las rabietas son parte del desarrollo evolutivo normal del niño. Generalmente ocurren entre el año y medio y los cuatro o cinco años, este es el periodo en el que el lenguaje del niño se comienza  desarrollar y aún no posee las habilidades para dialogar o razonar. Además busca explorar el entorno a su antojo, lo cual se limita con frecuencia por su seguridad, generando frustración en el niño.  En muchas ocasiones, cuando un niño manifiesta una rabieta, la tendencia de los padres es hacerla más fuerte, al reforzarla con atención o al ceder y darle al niño lo que pide.  La técnica del refuerzo se usa siempre para incrementar conductas,  generalmente las deseables, pero cuando se hace un uso inadecuado de la misma, estaremos reforzando conductas indeseables como las rabietas, por ejemplo, si un padre/madre cede ante la rabieta de un niño en el supermercado y le compra la piruleta que pide, la próxima vez que el niño quiera algo, lo demandará de esa manera y es probable que cada vez lo haga con más frecuencia e intensidad. O por ejemplo, el niño protesta y llora, se niega a comerse las verduras y sus padres rápidamente se las llevan. La rabieta queda reforzada en el futuro cuando vuelva las verduras. Así que mucho ojo con lo que reforzáis papás/mamás.

La pregunta es: ¿Qué conductas queremos que nuestros hijos repitan?

Todas aquellas que sean deseables para nosotros, que sean positivas y favorezcan un óptimo desarrollo de nuestro hijos, como por ejemplo:

  • Al hacer demandas y peticiones hacer uso del por favor y gracias.
  • Seguir las indicaciones a la primera. 
  • Expresar sus emociones sin gritos, ni pataletas.
  • Expresar sus quejas sin hacer uso de insultos, malas palabras ni agresiones.
  • Hacer sus tareas de la escuela.
  • Comer de manera variada.
  • Aceptar las normas y los límites.
  • Mantener ordenado su cuarto, armario y juguetes.

Y todos aquellos ejemplos que se le ocurra.

Y con las conductas que no queremos que se repitan. ¿Qué hacemos?

Pues tenemos varias opciones: Castigo positivo, castigo negativo y extinción. Vamos poco a poco.

Castigo positivo

Se trata de presentar un estímulo desagradable tras haber ocurrido la conducta  no deseada.

  • Ejemplo: el niño/a se enfada y tira un juguete de su hermana. Se le indicará que ha de ordenar todos los juguetes de la hermana.

Está contraindicado el castigo físico, no es más potente, no favorece la vinculación entre padres e hijos,pudiendo generar rechazo o miedo en el niño, además de las consecuencias a largo plazo de ello.

Castigo negativo

Es el proceso por el que se elimina o se hace desaparecer un estímulo agradable para el niño/a, tras haber emitido la conducta no deseada.

  • Ejemplo: el niño/a desobedece jugando a la consola más tiempo del indicado por lo que se le retira la consola temporalmente.

Es muy importante aclarar el hecho de que se castiga la conducta del niño/a no al niño/a. Al niño no se le debe chantajear con la pérdida del cariño o afecto si hace algo mal.

Se recomienda que junto al castigo, exista una explicación al niño de cuál es la conducta apropiada. En ocasiones ocurre que los padres se centran más en el comportamiento negativo “no grites”, “no te tires al suelo”, “no juegues más a la consola”, desatendiendo el comportamiento que queremos que siga “habla tranquilo y te atenderé”.

Extinción  

La técnica consiste en retirar el refuerzo que mantiene o provoca una conducta desajustada. Para ello se ha de identificar adecuadamente qué es lo que refuerza la conducta disruptiva del niño, por ejemplo: en clase o en casa mediante un mal comportamiento consigue la atención de sus compañeros o profesor/a aunque sea de una manera desajustada;  la rabieta en el supermercado hace que la madre o el padre ceda  y le compren lo que le pide. La atención a esa conducta disruptiva hace que se refuerce, que se haga más fuerte y por tanto, se repita.  Tal y como se comentó anteriormente, las rabietas en los niños  es una de las situaciones que más estrés generan a los padres y uno de los motivos de consulta frecuente.

A continuación se detallan los pasos a seguir mediante la técnica de la extinción una vez que el niño/a manifiesta una conducta disruptiva:

  1. Indicar al niño/a que ese comportamiento no es adecuado,  seguidamente se le explica cuál es el adecuado, por ejemplo: gritar no es la manera de pedir un juguete, lo adecuado es pedirlo por favor ;  espera a que termine de hablar por teléfono y te atenderé, la manera en que te estás comportando ahora mismo (conducta disruptiva) no te atenderé.
  2. Se procede a ignorar la conducta, manteniendo la propia estabilidad y expresando cierto estado de neutralidad (como si no estuviera pasando nada).
  3. Al ignorar el comportamiento del niño/a, es posible que intensifique su conducta disruptiva con intención de llamar la atención y lograr lo que demanda, en este punto es muy importante mantener la firmeza de la decisión, es decir, no prestar atención a la conducta, de lo contrario se reforzará y la próxima vez que el niño quiera llamar la atención lo hará directamente a ese nivel de intensidad.  Es importante considerar la relevancia de este punto y tomar la decisión de llevarlo a cabo siendo conscientes de que hemos de mantener la firmeza y estabilidad a pesar de la reacción de nuestros hijos,  el éxito de la técnica depende de ser constantes, de lo contrario lograremos el resultado opuesto.
  4. A medida que el niño/a se vaya calmando y mantenga comportamientos más adecuados (estar más tranquilo, menos agitado) se reforzarán todos aquellos que se vayan acercando a la conducta deseada. Se le puede indicar “esa es la conducta adecuada”, finalmente, cuando presente estabilidad y emita la conducta inicialmente solicitada, se le prestará atención y se reforzará su estabilidad “muy bien, esta es la manera en la que si te presto atención, ¿qué es lo que quieres?

Está contraindicado el uso de “retirada de afecto”, es decir, indicarle al niño que si se porta mal no le queremos. Al contrario, el mensaje es “ te quiero y por eso te ayudo a estar tranquilo y  a aprender”.

Finalmente, tener en cuenta que las conductas agresivas o que resulten peligrosas para la integridad del niño o de otros, no han de ser ignoradas, ya que será necesaria una intervención por parte del adulto. Por ejemplo, si el niño/a hace uso de un objeto punzante con el fin de solicitar la atención a su rabieta, el padre o madre, le retirará el objeto tranquilamente, alejándolo de su alcance y se continuará aplicando el protocolo. 

Se ha demostrado que esta técnica es eficaz tanto en el entrenamiento en tolerancia a la frustración como en la disminución y control de las conductas impulsivas a edades tempranas.

Costo de respuesta 

Es similar al Castigo negativo, en el sentido que se elimina algo que le guste al niño/a cuando lleva a cabo una conducta no deseada, la idea es “la conducta va a tener un coste para el niño/a”, pierde algo que para él/ella es positivo, como por ejemplo: no salir al patio en la hora de recreo.

Se ha de tener en cuenta lo siguiente:

Es preferible usarlo junto al refuerzo positivo de otras conductas, aplicarse de manera contingente, lo que significa, justo después de la conducta no deseada. Se han de reducir las consecuencias negativas a medida que desaparecen las conductas disruptivas, por último, se desaconseja acumular castigos, por ejemplo: “te quedas sin recreo todo el trimestre”, no va a ser más efectivo, además se cierra la posibilidad del niño/a a mantener un comportamiento adecuado y recibir recompensas. Por otra parte, el niño/a puede sentirse  no valorado, al considerar que se va a portar mal todo el trimestre o toda la semana, por ejemplo.

Tiempo fuera

Consiste en retirar al niño a un lugar en el que no existan reforzadores o retirar aquello que resulte un premio para el niño durante un periodo de tiempo

Ejemplo: “vete a tu cuarto”, “siéntate en la silla mirando a la pared”, “sal de la clase”.

El tiempo de retirada recomendado varía según la edad del niño/a, gravedad del comportamiento y si el niño/a padeciera algún trastorno o déficit cognitivo. Se estima como mucho un minuto por año de edad.   Poner referencia.

Esta técnica posee ciertas controversias, por ejemplo, si el sacar a un niño fuera de clase resulta estimulante para él/ella, dado que evita ciertas tareas o materias,  habría que valorarse el uso de otras técnicas que sean efectivas.

La finalización del tiempo fuera ha de darse cuando el niño/a no esté protagonizando ninguna conducta desajustada.

No aplicarlo, cuando sirve al niño/a para escapar de un situación desagradable para él/ella, como evitar tareas, evitar relacionarse con determinadas personas.  Buscar estrategias alternativas.

En todo ello tener en cuenta que ha de valorarse que estímulos o acontecimientos están teniendo la función de premio de la conducta desadaptada, se buscará retirarlos. 

¿Qué conductas queremos que el niño/ a reduzca o elimine?

Se buscará reducir todas las conductas que no sean deseables o resulten negativas para el bienestar del niño o de la familia. Algunos ejemplos son:

  • Expresarse por medio de gritos, insultos o pataletas.
  • Desobedecer.
  • Desordenar y no recoger los juguetes o cualquier otro objeto.
  • Hacer demandas o exigirlas, emitiendo conductas disruptivas ante la negativa.
  • Pegar, insultar, romper objetos ante un desacuerdo del niño/a.
  • Negarse de manera rotunda a comer variado.

¿Cómo usar los límites sin sentirse culpable por ello?

Los límites son las indicaciones de hasta dónde es adecuado llegar, cuál es la manera correcta de comportarse. Aplicados de una manera equilibrada, marcan el camino más beneficioso para los niños/as.

Son necesarios, al igual que le enseñamos a no cruzar la calle con el semáforo en rojo (límite) por el peligro que supone. También se le ha de enseñar cuál es la manera  por la que ha de avanzar en su vida, como el hacer demandas con educación o relacionarse con los demás por medio del respeto y no la violencia. Todo ello no se hace para que nuestro hijo sea el más educado y sociable, sino por las consecuencias que trae consigo, como el rechazo social,  o mantener relaciones conflictivas.

Si pensamos que los límites no son necesario, nos hace malos padres, e incluso,  creer que nuestros hijos nos querrán más si les consentimos en todo, nada más lejos de la realidad. Al igual que salvaguardamos su integridad física al enseñarle a usar el casco cuando maneja la bicicleta, también es necesario asegurar su bienestar emocional. Los límites enseñan a los niños/as a regularse a nivel emocional, aprenden cuál es la manera de actuar, auto regulándose y ajustándose a la situación.  Se conocen  y aprenden a estar orgullosos de sí mismos.

A la hora de establecer límites debemos considerar lo siguiente:

  1. Ser claros, establecer las normas y reglas simples, explicándolas claramente de ante mano.
  2. Debe existir consenso entre las figuras de autoridad, ambos padres deben aplicar los límites y las normas por igual. Para ello han de ponerse de acuerdo en los criterios a la hora de educar.
  3. Ser flexibles, ajustando los límites a la edad del niño.
  4. Ser comprensibles, se han de razonar las reglas en lugar de imponerlas sin tener en cuenta qué es lo más beneficioso para los niños/as.
  5. Comunicación,  explicar el porqué del límite a los niños/as,  por ejemplo, ante la demanda de ir al parque a jugar, se le puede explicar que ahora es el momento de hacer los deberes. Se puede proporcionar alguna alternativa interesante, como el jugar en el salón al terminar las tareas.
  6. Ser constantes a la hora de aplicar los límites, si se limita cierto comportamiento un día, como el hacer burlas, no se puede premiar al día siguiente, riendo la gracia.

Consecuencias de no gestionar bien la conducta de los niños

Existen numerosos estudios que han evaluado las consecuencias a largo plazo de un comportamiento  disruptivo en la infancia, en el que dicho comportamiento se ha mantenido en el tiempo, muchas veces por una falta de actuación.

Las conductas disruptivas y agresivas de los niños han sido identificadas como predictores de conductas antisociales, abuso de sustancias en la adolescencia y desórdenes psiquiátricos en la adultez. Lo que quiere decir, es que si no se actúa sobre la conductas disruptivas de los niños a edades tempranas, la consecuencia pueden ser catastróficas a edades mayores.   

Los estudios realizados en poblaciones generales y clínicas en diferentes países, han demostrado que los problemas emocionales y  de comportamiento a edades tempranas, son poderosos indicadores de disfunciones posteriores.

Un estudio en Holanda, mostró que las conductas disruptivas de los niños, fueron una señal de padecer desordenes psiquiátricos 14 años después.

Asimismo,  un estudio en Nueva Zelanda encontró que  el comportamiento de los niños a la edad de 3 años, predecían la presencia de desórdenes psiquiátricos a los 21 años.

Todos estos estudios muestran la importancia de intervenir a tiempo, dadas las consecuencias posteriores de no hacerlo. Todos los padres buscan que sus hijos sean felices, que tengan los menos problemas posibles y que se labren una vida de posibilidades.  Es posible que a veces creamos que no tiene importancia no poner normas a un niño de 3 años, dejarle comer lo que pida, sin enseñarle a comer variado, sin embargo, ¿qué será de su salud cuando sea adolescente o adulto? Es posible que padezca enfermedades relacionadas con una mala alimentación.

Y si no se le educa en ser obediente, en concienciarle sobre la importancia de  seguir las normas,  ¿qué hará cuando sea adolescente o adulto? puede que se salte las reglas sociales, que actúe en contra de la justicia, puede que eduquemos a una persona que no conoce el valor de los límites, por lo que no dará importancia a robar un camiseta en una tienda por ejemplo, o su merienda en el supermercado, ¿qué padre quiere que su hijo se convierta en un delincuente?

Si se actúa desde el inicio, podremos educar a niños que se conviertan en adultos felices.

Bibliografía Recomendada:

  • Achenbach T, Howell C, McConaughy S & Stanger C. Six year Predictors of problems in a National Sample of Children & Youth : II. Signs of Disturbance. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 1995b; 34: 488-498   
  • De la Barra, F., Toledo, V., & Rodríguez, J. (2003). Estudio de salud mental en dos cohortes de niños escolares de Santiago Occidente. III: predictores tempranos de problemas conductuales y cognitivos. Revista chilena de neuro-psiquiatría41(1), 65-76.
  • Encinas, F. J. L. (2014). Técnicas de modificación de conducta. Ediciones Pirámide.
  • López Hernández, P. (2014). Un caso de comportamiento disruptivo infantil: Tratamiento conductual en el ámbito familiar. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes1(2).
  • Rutter M. Pathways from Childhood to Adult Life. J Child Psychol Psychiat 1989; 30: 23-51 
  • Salto, R. R. P. (2012). Sobre el Tratamiento de los Comportaminetos Disruptivos y las Rabietas: Intervención en un Caso Clínico Treatment of Disruptive Behaviors and Tantrums: A Clinical Case Study. Clínica3(3), 263-277.
  • Sliminng, E. C., Montes, P. B., Bustos, C. F., Hoyuelos, X. P., & Vio, C. G. (2015). Efectos de un programa combinado de técnicas de modificación conductual para la disminución de la conducta disruptiva y el aumento de la conducta prosocial en escolares chilenos. Acta Colombiana de Psicología12(1), 67-76.

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