22 septiembre, 2018

Establecimento de normas y límites en la infancia

¿Por qué es importante el establecimiento de normas y límites en la infancia?

Los niños necesitan aprender y comprender cómo funciona el mundo, aquello que resulta aceptable y lo que no. Un mundo sin límites claros ni restricciones resultaría caótico y estresante. Decir “no” a los niños y ponerles límites puede posibilitarles percibir el mundo como un lugar previsible, lo que a su vez puede ayudarles a sentirse seguros. Además, el aprendizaje de los límites y las reglas les ayuda a afrontar con éxito las distintas áreas de su vida. Obtener este conocimiento en el ambiente seguro del hogar les ayudará a prosperar en otros entornos, como la escuela o las relaciones sociales, en los que existen numerosas normas establecidas de comportamiento adecuado. De hecho, la investigación científica ha demostrado que existe una mayor probabilidad de problemas de conducta en los hijos de familias demasiado permisivas (apenas imponen reglas de comportamiento a los hijos) o autoritarias (son muy estrictas con sus hijos y usan demasiadas órdenes y reglas). Parece, por tanto, que en este caso se cumple también la regla de que la virtud está en el término medio.
En la educación de los hijos es importante el desarrollo de la disciplina, a través del respeto, pero también estableciendo límites claros y coherentes. Los padres son los responsables de establecer los límites a la conducta de los hijos, a través del uso de normas y órdenes o peticiones. El objetivo del establecimiento de límites es mantener algún control sobre la conducta de los hijos, pero permitiendo a su vez que éstos desarrollen su capacidad de autocontrol ante determinadas situaciones.
Los niños deben aprender a atenerse a las consecuencias de lo que hacen. Es decir, han de comprender que la decisión de incumplir las normas tendrá un efecto. De esta forma será como los niños irán adquiriendo el significado de la responsabilidad. Ésta se va desarrollando de forma gradual en la infancia, y en su adquisición influye el refuerzo social (es decir, la aprobación de los demás cuando el niño actúa de forma responsable). Los pequeños necesitan aprender, por ejemplo, a controlar el enfado, inhibir sus impulsos, demorar las gratificaciones, considerar el impacto de su conducta en los otros, aprender que no pueden hacer lo que les de la gana, etc. En este proceso de aprendizaje es necesario que los cuidadores enseñen y trabajen con los niños para ayudarles a adquirir la capacidad de tomar buenas decisiones.

¿Cómo dar órdenes? Algunas recomendaciones:

Es importante cuidar la forma en que se transmiten a los hijos las órdenes y las reglas. Para conseguir que se obedezcan, conviene utilizar sólo las que resulten imprescindibles y expresarlas de forma adecuada. Algunos de los aspectos a tener en cuenta son:
– Las órdenes favorecen la realización de la conducta si se formulan en calma (sin utilizar gritos), cerca del niño y mirándole a la cara.
– Se deben dar las órdenes una a una y en número reducido (no más de las que sean estrictamente necesarias). También es importante que unas órdenes o normas no entren en contradicción con otras.
– Para ser efectivas, las peticiones deben ser cortas, claras y específicas. Debe informarse de forma concreta al niño sobre aquello que se espera que haga, y conviene relacionarlo con una consecuencia (“si… entonces…”).
– Las órdenes deben formularse de forma positiva, educada y respetuosa con el niño.
– Una vez dadas las órdenes pertinentes y establecidas las normas a seguir, es necesario que los padres se comporten de forma coherente, siguiendo adelante aunque se presenten dificultades. Por ejemplo, imaginemos a un niño que coge en el supermercado un paquete de caramelos e intenta introducirlo en el carrito. Si le decimos que ponga los caramelos en su sitio y éste en lugar de cumplirlo se echa a llorar, podemos sentir la tentación de permitirle quedarse con los caramelos para que cese el berrinche. Si hacemos esto, el niño estará aprendiendo que las pataletas le permiten obtener lo que quiere. Aunque a menudo hay situaciones difíciles en las que cuesta llevar hasta el final el cumplimiento de las órdenes o las normas, desistir puede resultar bastante contraproducente a la larga. No hacer cumplir al niño lo que se le manda puede ser lo más fácil en el momento, pero a la larga hará que éste aprenda que se pueden salir con la suya a través del berrinche.
– El uso de reforzadores cuando el niño se comporta de forma adecuada puede servir para que se instauren conductas adecuadas en su día a día. Un reforzador es un objeto (dinero, juguetes, etc.), actividad agradable o suceso (ir al parque, al cine…) o un estímulo social que, al administrarse después de un comportamiento determinado, aumenta la probabilidad de que dicha conducta se repita en el futuro. Debe tenerse en cuenta que unos reforzadores muy potentes son los de tipo social (sonrisas, alabanzas, elogios, caricias, etc.).

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– Cuando los padres necesitan redirigir el comportamiento de su hijo hacia formas más adecuadas, conviene tener en cuenta que si el niño está emocionalmente muy alterado, en ese momento será difícil que escuche y se muestre receptivo a las indicaciones que se le dan. En momentos así, es necesario primero intentar ayudarle a calmarse. En situaciones difíciles, en lugar de enfadarnos, suele ser más productivo prestar atención a las emociones del niño para lograr que éste se tranquilice y coopere.- Conviene delimitar de forma clara las normas y responsabilidades del niño. Éste debe saber qué tiene que hacer, cómo hacerlo y cuándo. Puede ayudar anotar estas normas en un panel de corcho, por ejemplo.

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– Las personas adultas que conviven con los niños tienen que ponerse de acuerdo sobre las normas que van a establecerse. Es necesario evitar la discrepancia o contradicción entre lo que exigen, por ejemplo, el padre y la madre. El hecho de que un niño reciba mensajes discrepantes facilita que no cumpla las normas (p. ej., cuando la madre le dice a su hijo que no puede ver la televisión antes de terminar la tarea y éste responde que su padre le ha dicho que sí podía).
– Cabe resaltar lo incongruente que resultaría que los adultos exigieran ciertas responsabilidades a los hijos que no se exigen a sí mismos. La expresión “predicar con el ejemplo” sirve para ilustrar este punto; pongamos por caso a un progenitor que no se cepilla los dientes después de cada comida pero insta a su hijo/a a hacerlo.
– Podemos tomar situaciones de la vida cotidiana como oportunidades para conectar con los pequeños y enseñarles lo que es importante que aprendan en torno a la responsabilidad y la disciplina.
– La disciplina debe estar en función de la edad, la forma de ser del niño, la fase del desarrollo en la que se encuentra, así como del contexto. De cualquier forma, los pilares de la interacción con los hijos han de ser una comunicación clara, el respeto, el afecto y el apoyo.

PsicoSalud. Gabinete de Psicología en Tenerife.

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Bibliografía

Romero, E., Villar, P., Luengo, M.A., Gómez-Fraguela, J.A y Robles, Z. (2013). EmPeCemos. Programa para la intervención en los problemas de conducta infantiles. Madrid: TEA Ediciones.
Fernández, M. A., Idoate, J. L., Izal, M. C. y Labarta, I. (1998). Desarrollo de conductas responsables de 3 a 12 años. Pamplona: Gobierno de Navarra. Departamento de Educación y Cultura

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