4 octubre, 2012 4 comentarios

Engaños mentales: Sesgo de retrospección

Todos tenemos sesgos. A todos nos engaña nuestra mente. Aún recuerdo mi primera clase de psicología social, nada más entrar en la universidad. Yo, enamorado como estaba de la psicología clínica, atendía y estaba ausente a la vez. Y es que, lamentablemente, tardé tiempo en darme cuenta de que toda la ciencia psicológica me gustaba. Estaba demasiado ocupado pensando en trastornos psicóticos, depresiones o trastornos de la personalidad. A pesar de eso, de esa primera clase me llamó la atención una cosa.

Nada más llegar al aula y tras presentarse, la profesora nos preguntó por el valor del saber popular, del sentido común. De esas “piezas de sabiduría” que damos por hechas. En nuestra ignorancia, muchos (me incluyo) pensábamos que la realidad se pliega a esas “verdades”, y que el sentido común explica mucho de lo que pasa a nuestro alrededor. Como es lógico, no tardó ni diez minutos en desmontar el castillo de naipes que teníamos en nuestras cabecitas. La realidad y la experiencia humana funcionan de manera muy distinta al sentido común.

Sesgo y engaños mentales por todos lados

Por no extenderme mucho más, esa primera clase llevó a mi cabeza una enorme incertidumbre, que no hizo más que reforzar toda mi carrera. A lo largo del tiempo me daba cuenta de que, si nos fiamos de nuestras percepciones, no hacemos más que vivir en un engaño. Sesgos por todos lados, atajos cognitivos que toma nuestra mente para poder reaccionar con rapidez…para todo seguimos siendo el mismo hombre de las cavernas que un día decidió establecerse y producir su propia comida.Por poner un ejemplo, está el caso de Kitty Genovese, un horrible asesinato que llevó al descubrimiento del fenómeno de difusión de responsabilidad. El sentido común nos diría que, en un grupo grande, es más probable que alguien haga algo (pulsar el botón de parar del autobús, levantarse contra una injusticia…) y sin embargo, el tamaño del grupo aplasta la responsabilidad y hace que cada cual espere a que otro sea el que reaccione.

Nuestra escasa memoria de trabajo, los límites que tenemos para manejar información (sin un buen lápiz y folio) y los filtros que se crean en base a una experiencia propia sesgada de la que hemos aprendido conceptos falsos nos hacen estar desamparados sin formas de conocimiento más sofisticadas y que requieran de pruebas reales. El método científico, por ejemplo. Por eso me asusto cuando alguien me dice “yo también soy un poco psicólogo”, o “yo tengo un talento para calar a las personas”, porque lo hace en base a engranajes y respuestas hechos para cazar y no pensar. Algo que explica muy bien el…

El sesgo de retrospección

Básicamente, es una herramienta que refuerza nuestro ego y nuestro conocimiento erróneo sobre el mundo. Imaginemos que antes de un partido de fútbol hacemos una predicción: “hoy marca Pedrito“. Si marca, es que tenemos un especial talento para entrenar un equipo, y si no, lo olvidamos. Normalmente, sólo vamos a recordar las predicciones que hagamos y se cumplan, frente al enorme porcentaje que no. Y no sólo se aplica al fútbol.

Mucha gente dice “a esa persona la tenía calada yo, ya te avisé”. Aunque intervienen más sesgos, es normal que nos creamos unos buenos jueces de personalidad si sólo recordamos cuando hemos acertado. Así, se va creando una enorme bola de guano en nuestra cabeza a la que acabaremos llamando intuición, que nos hará tomar decisiones erróneas, juzgar a las personas, hacer mal nuestro trabajo…Y, finalmente, vivir una mentira. Porque si pensamos que tenemos una gran intuición no escucharemos a los demás, ni buscaremos criterios objetivos, ni aprenderemos de las experiencias en las que nos equivocamos.

¿Cómo se arregla esto? Con humildad, autocrítica y sano escepticismo. Seguiré hablando de sesgos y errores en el blog, pero al final la conclusión va a ser la misma siempre: dudar de uno mismo, dudar de nuestras ideas y aplicar claves del método científico a nuestra vida diaria. Eso, o quedarnos en el engaño mental.

Psicosalud. Gabinete de psicología en Tenerife

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4 comentarios
Jorge De Zerop
Hace 2 años
Se trata de un sesgo mental muy común que nos conduce a creencias falsas sobre nosotros mismos. Los sesgos cognitivos deberían ser mejor considerados en la literatura de autoayuda y crecimiento personal.
Maite
Hace 7 años
Interesante objetivo, buscar una realidad más real...¿la mía o la de los demás? jejej el eterno debate, hay tantas realidades como personas, ¿es la mía más acertada?
Javier
Hace 7 años
Hola Mayte, muchas gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo contigo en que a veces hay que dejarse llevar, o ante una situación en la que no sirve sólo la fría lógica es bueno darle una oportunidad a nuestras emociones. En psicología básica se habla de dos vías fundamentales de procesamiento de la información: la simple, relacionada con las emociones y la parte del cerebro más emocional (sistema límbico) y la sistemática; que se relaciona con razones, con la corteza prefrontal del cerebro. La vía simple es de respuesta rápida y comete errores por no analizar las situaciones, pero muchas veces nos sirve cuando tenemos que tomar una decisión y no nos sirven las razones, sino nuestros sentimientos. Como has indicado, es bueno darle pie a la intuición. El problema es que nunca está sola, y hay sesgos y variables, la historia personal de cada uno, cómo ha crecido, estilos de aprendizaje, creencias, perspectivas ante el mundo...que la envenenan un poco. Lo que recomendamos los psicólogos cognitivo-conductuales es actuar como haría un científico: nuestra intuición será siempre el genio que presenta las hipótesis y tendremos que actuar como un investigador, buscando evidencias de que lo que se nos ocurre es verdad. Así, sumando la intuición y un poco de esfuerzo mental, podremos vivir en una realidad más "real" y menos basada en percepciones erróneas. Un saludo :)
Maite
Hace 7 años
Hola Javier: Gracias por tu escrito, ¡es claro, conciso y muestra tu pasión por la psicología! Quería decir que vivir dejando que la intuición nos guie,no es siempre tan malo. Como bien has dicho, no tenemos tiempo físico para analizar cada situación o persona con la que nos encontramos en nuestro día a día, así que en muchos casos vitalmente no importantes, la intuición tiene poco que hacer. Uno actúa como un automata, siguiendo esquemas previos y ahorrando recursos. ¡Es cuestión de supervivencia! Pero cuando conoces a alguien especial, o compartes un momento significativo con alguien, o tienes que resolver algún conflicto, la cosa cambia. En estos casos podemos usar nuestra intuición con sabiduría, elasticidad, siendo conscientes de cómo nos afecta nuestro estado de ánimo y experiencias previas. Sabiendo que cuando no estamos bien, sea por la razón que sea, nuestros pensamientos, nuestra realidad, está definitivamente sesgada y no hay intuición que valga. Considero muy importante para nuestra calidad de vida, ser conscientes de esto, porque además de ayudarnos a conocernos mejor, evita que hagamos/digamos/tomemos/agredamos... con un resultado generalmente negativo para nosotros y también con seguridad para la gente que nos rodea. Cuando no tenemos miedo, ni pretensiones ni prejuicios, ni dolores pendientes, ni odio, ni apegos, la intuición se convierte en un poderoso aliado. Un beso,
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