16 enero, 2013 4 comentarios

¿Te permites sufrir?

Muchos seres vivos, no sabemos si todos, pueden sentir dolor. Sin embargo, el sufrimiento, entendido como la capacidad de volver a experimentar en el presente las penas y las situaciones desagradables vividas en el pasado, así como la angustia y preocupación por eventos del futuro, es una experiencia reservada únicamente a los seres humanos.

Sufrimiento  y muerte

La conciencia de que el sufrimiento y la muerte son parte inherente de la condición de estar vivos siempre ha estado presente en los distintos pueblos y culturas a lo largo del tiempo. Lo reflejan sus costumbres, sus hábitos, su arte. Muchos son los ejemplos históricos que respaldan esta idea. Por ejemplo, los egipcios planificaban y construían sus tumbas desde muy jóvenes. De igual manera era tradición de algunas clases sociales plantar una acacia que simbolizaba el nacimiento, trayectoria vital y muerte de la persona.

Más allá de la simbología o creencias religiosas que la sustentaban el hecho fundamental es que vivían en contacto directo con la muerte. En general, los pueblos antiguos tenían muy presente que un día iban a morir. Esta afirmación que puede atemorizar por su ineludible determinismo, es en sí obvia. Sin embargo, se nos ha acostumbrado actualmente a evitarla, a no tenerla presente, a no analizarla.

La cultura del bienestar

La cultura de nuestro tiempo, también llamada “cultura del bienestar” ha dado un giro radical en este punto. Ahora no queremos sufrir bajo ningún concepto y de ninguna forma, ni ser testigos del sufrimiento, y no es por falta de empatía ni de valores o principios, sino porque no nos permitimos sufrir en ninguna de sus formas. Esta cultura del bienestar nos instaura la idea de que no tenemos por qué sufrir y que sufrir es intrínsecamente malo. Pero resulta que en la vida el sufrimiento es inevitable, tarde o temprano puede presentarse, por lo que si mantenemos y alimentamos esta idea estamos abocados irremediablemente a la insatisfacción,  y posiblemente a sufrir más de lo que evitamos sufrir.

En las últimas décadas se ha observado un incremento y una diversificación del sufrimiento (una prueba indirecta es el aumento de la incidencia de los trastornos mentales en la población general) que curiosamente ha corrido en paralelo al aumento del rechazo del dolor y de la incomodidad, como si fueran fenómenos ajenos a la naturaleza de ser humanos y estar vivos.

La paradoja esta servida, parafraseando a la psicóloga Carmen Luciano:

“el ser humano aspirando a no sufrir nunca, ni por nada, ha terminado propiciando sufrir más y por más cosas”.

El miedo a sufrir ha ido ganando terreno al sufrimiento mismo y cargando cada vez más de valencia negativa el término. Este miedo se ha extendido a todo aquello que “potencialmente” creamos que nos hará sufrir directa o indirectamente, de esta forma. Bertrand Russell comentaba hace un siglo “Aún aburriéndonos menos que nuestros antepasados, tenemos más miedo a aburrirnos” un claro exponente de la generalización del miedo del que hablamos.

¿Cual es la causa de esta reacción ante algo tan aparentemente natural como el sufrimiento?.

No es necesario citar la ingente cantidad de escritores, filósofos, psicólogos, antropólogos, artistas, etc. que han intentando analizar y muchas veces dar sentido al sufrimiento humano, creando gran diversidad de opiniones y perspectivas filosóficas. Sin entrar en este tema ya que excede el objetivo de esta reflexión, si queremos aproximarnos a una respuesta satisfactoria tenemos que entender que gran parte del pensamiento esta construido por el lenguaje, relación arbitraria entre conceptos al fin y al cabo.

Es fácil darse cuenta de que esta sociedad del bienestar empareja o condiciona el sufrimiento con todo tipo de palabras o pensamientos de impotencia, invalidez o de incapacidad. “Sufrir” se percibe como algo contrario o contrapuesto a “Sentirse bien”, y por tanto contrario a todas las relaciones que el concepto “sentirse bien” tiene para la sociedad (pensar en positivo, ser normal, ser válido, tener éxito, actuar responsablemente, etc.).

En nuestro mundo actual, es común pensar que uno ha de sentirse bien y evitar el sufrimiento porque éste ha sido catalogado como anormal, negativo e inapropiado para vivir una vida plena, feliz y con sentido.

Un vida sin dolor

Sea como fuera,  una vida sin dolor, una vida sin sufrimiento, se esta transformando en la prioridad en el ser  humano. Por lo que encontramos a personas que buscan sentirse queridos, sin ser heridos en el proceso;  que buscan siempre tener las ideas claras, sin que se le presenten dudas; personas que quieren estar motivados para hacer cosas, sin necesidad de emprender nada; que solo buscan pensar en positivo de uno mismo y de la vida, sin que le aparezcan pensamientos negativos, etc. De este modo, cuando surge el dolor, el desamor, las dudas, los pensamientos negativos, la inseguridad en sí mimos, la sensación de fracasar, etc. Sufren. Y de repente todas sus energías se vuelcan en la creación de estrategias que les protejan de ese intolerable (por lo que supuestamente implica) sufrimiento o de todo aquello que les pueda hacer sufrir, sacrificando muchas veces sus valores (lo que es valioso de verdad) o lo que pueda llegar a dar verdadero sentido a su vida.

Sergio García Morilla.

PsicoSalud. Gabinete de psicología en Tenerife

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Lectura recomendada:

  • Wilson, K., Luciano, C. (2002). Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Un tratamiento conductual orientado a los valores. Madrid: Pirámide.
Sergio García Morilla Psicólogo Sanitario. Máster en psicología clínica y de la salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas y trastornos psicológicos. Twitter
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4 comentarios
Sergio García Morilla
Hace 5 años
Hola Javier, Los constructos sociales no dejan de ser eso, constructos. Cuando entendemos y experimentamos su verdadera naturaleza cognitiva y social aprendemos a gestionar lo que nos provoca. Los miedos también se pueden gestionar, la ansiedad por la salud, la incertidumbre que supone la muerte, el miedo al suicidio, la desgana o la apatía, etc. Todos ellos forman, por suerte o por desgracia, parte de la vida del ser humano. Estoy contigo en que el miedo, si no lo sabemos llevar, nos jode la vida. Todos tenemos miedos, quien te diga que no los tiene, o miente o es un inconsciente. Porque el más valiente, por definición, lo es porque tiene miedos que vencer. Desde el punto de vista de la psicología la terapia te puede ayudar, te recomendaría que siguieras tu búsqueda en torno a la TCC y Act. El miedo, el dolor y el sufrimiento son inherentes a tu condición, a nuestra condición. Y que la clave no es luchar para no tenerlo, la clave es clarificar que es importante en esta vida para ti, porque cuando profundizas siempre hay algo importante, aunque sea el mero hecho de vivir y experimentar, el mero hecho de existir. El mundo tiene belleza y horror a partes iguales, sentido y sinsentido, coherencia y contradicción, es cuestión de encontrar la manera de ir por el camino más valioso de tu vida, de dar sentido (sea cual sea) a la misma y vivir. Es una oportunidad única e irrepetible. Disculpa si he divagado un poco y muchas gracias por tu aportación
Clarence
Hace 5 años
Hola, Realmente se puede reorientar esa situación? Me siento totalmente identificado con el texto. He.probado farmacos, terapia TCC, terapia ACT, psicodinamica... Y sigo angustiado por el miedo a.la incertidumbre...Tengo miedo a.la enfermedad, la muerte, el suicidio...pero sobretodo.a no ver aliciente ni motivaciones a la vida. Se puede cambiar un constructo social en un individuo? El miedo te jode la vida...
Psico·Salud
Hace 7 años
Es cierto, estamos inundados de ese tipo de consejos, de libros de autoayuda que promueven el pensamiento positivo como única fuente de consecución del éxito en distintos ámbitos de la vida, otorgándole un excesivo peso. En mi opinión el auge de esta "moda" del pensamiento positivo responde a lo comentado en el articulo y resulta una estrategia de afrontamiento muy poco eficaz con una tendencia autoculpabilizadora muy grande sustentada además en un razonamiento tautológico con tintes pseudocientíficos. Si consigues algo es porque deseaste mucho algo y pensaste en positivo para conseguirlo, y si no lo conseguiste es porque no lo has deseado lo suficiente. A lo que se le añade una desviación de recursos de acción que podrían poner en marcha verdaderas soluciones. Creo que muchas veces confunden motivación para el cambio o la acción (muchas veces necesaria) con pensamiento yo diría que casi mágico. Estamos preparando una entrada sobre el pensamiento positivo llevado a ese extremo. Espero que te guste. :) Muchas Gracias por el comentario y por tu apoyo Sonia!
Sonia Treviño
Hace 7 años
Totalmente de acuerdo, estamos inundados de consejos para ser más felices y cómo promover un pensamiento positivo. Tanto es así que el día en el que nos invade por ejemplo la tristeza, nos sentimos mal, primero por el sentimiento de pena y segundo por no estar sonrientes, alegres y que no fluyan pensamientos positivos. Aunque como decía Buda "El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional", también hay muchos casos en los que las personas se han acostumbrado tanto a ese sufrir, que les da miedo dejar de sentir así. Un saludo y ¡enhorabuena por esta entrada!
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