2 julio, 2014

La psicología de la actuación (I): De la exageración al realismo.

Una gran película lo es por sus grandes interpretaciones

Me encanta el cine, me gusta desde que tengo uso de razón. He tenido la suerte de crecer con personas que lo amaban y que me enseñaron a valorar las buenas historias, así como la forma de contarlas y de interpretarlas. Es un placer ver buenas actuaciones, ya sea en el cine, en el teatro o, por suerte cada vez más, en las series de televisión (Breaking Bad, Boardwalk Empire o True Detective son algunos ejemplos recientes).

Me fascina como los grandes actores y actrices son capaces de interiorizar su papel y cambiar completamente su forma de actuar, haciéndonos creer que son capos de familias italoamericanas o mujeres crueles que dirigen importantes empresas de moda.

Sin embargo, esta forma de actuar tan realista, tan natural, es relativamente nueva. Antes de principios del siglo XX, las interpretaciones no eran ni de lejos parecidas, eran muy estilizadas, más cerca del discurso y la ostentación de oratoria (Gordon, 2006). Entonces uno se pregunta, ¿Qué ocurrió para que esta manera de actuar se volviera cada vez más realista?. Y ya puestos, ¿por qué disfrutamos tanto con ella?

Representación clásica de teatro griego

Algunos expertos como Bennedetti, dramaturgo especialista en Stanislavski, consideran que el teatro occidental como tal, comenzó sobre el siglo VI a.c en Grecia, con la figura de Tespis, al que se le considera el padre del teatro. Resulta que Tespis viajába en un carro donde montaba su espectáculo y representaba obras con temas diferentes al culto del Dios Dionisio. Cuando un día le dio por innovar y añadió un personaje que dialogaba con la audiencia y lo convirtió en protagonista de su espectáculo.

Los antiguos actores griegos actuaban de manera muy formal, encorcetada quizás, con gran retórica y oratoria, sus personajes tenían personalidades rígidas, y sus movimientos eran cuanto menos exagerados.

No fue hasta el siglo XVII, en la Inglaterra Isabelina, donde los personajes empezaron a exponer sus estados internos al público de forma más elaborada, generalmente a través de monólogos. A pesar de que la expresión de las emociones cobraba fuerza, los gestos que las acompañaban seguían siendo exagerados, caricaturescos. Con la llegada del romanticismo y el melodrama, a principios del siglo XX, la cosa no cambió mucho. Tenemos casos como el de Sarah Bernhardt que llegó a ser una famosa actriz por “la fuerza de su virtuosismo histriónico” decían, por la expresión de su fortaleza emocional, y el poder exagerado con que se mostraba las emociones a los demás, en resumen, la exageración en la externalización de los eventos internos (pensamientos, sensaciones y emociones).

Así que la actuación a la que solemos estar acostumbrados y que solemos disfrutar hoy en día, más “realista”, es relativamente nueva pero esto no significa que sea una especie de adaptación biológica como algunas veces se ha defendido, ni un cambio natural en nuestro cerebro. Los que defienden esta perspectiva creen que con el paso del tiempo se ha desarrollado una especie de “instinto de actriz/actor” o alguna clase de “módulo cerebral de la actuación”. Hay gente para todo. No cabe duda que es una creación cultural más del ser humano como lo son la lectura, el ajedrez o el fútbol. Lo interesante es, ¿esto conlleva el desarrollo de capacidades cognitivas concretas?, si es así, ¿cuáles serían estas?

La capacidad de simulación

Leo y Kate descansando en mitad del rodaje

Algunos autores hablan de la capacidad de simulación. Tanto simular como actuar implican representaciones similares pero no del todo iguales. Podemos simular que un plátano nos sirve como un teléfono, o un padre puede comportarse como si fuera un león feroz jugando con su hijo. Del mismo modo, uno podría describir a un actor como «un simulador” de personajes. Tanto la actuación como la simulación implican un conocimiento mutuo de las partes, es decir, cuando X finge o actúa en presencia de Y, X sabe que Y es consciente de que está fingiendo o actuando y viceversa.

Sin embargo, tal como afirma la psicóloga evolutiva Angeline Lillard hay una diferencia notable entre fingir y actuar. Ésta la encontró en sus investigaciones del tipo de simulación que desarrollan, de forma espontánea en el juego los niños y que se basa en la autoconciencia de las emociones y de la intención de engaño.

La misma RAE hace una clara distinción entre simular (representar algo, fingiendo o imitando lo que no es) y actuar (poner en acción, entender penetrar, o asimilarse de verdad). Alguien que finge estar enfadado puede hacer manierismos, sacudir el puño, dramatizar mientras al mismo tiempo sonríe ligeramente o mantiene un contacto visual con su interlocutor. Por el contrario, un buen actor/actriz que transmita enfado hará que la persona que lo observa, si no sabe que está actuando, piense que realmente está enfadado. Podríamos decir que la simulación, definida como tal, se asemeja más a la forma antigua de actuar que a la forma más realista contemporánea.

La capacidad de engaño

El Golpe

Estos dos tipos si que eran unos maestros del engaño

Otros autores consideran que la habilidad para la actuación realista puede desarrollar, a su vez, la habilidad para el engaño, la capacidad de dar a la mentira apariencia de verdad. Si nos fijamos, en ocasiones, en el lenguaje cotidiano el verbo «actuar” se utiliza de forma peyorativa para describir formas de engaño, por ejemplo, “No te fíes, está actuando como si te quisiera”. Sin embargo, actuar no es engañar. Sin embargo, la realidad es que los actores no pretenden engañar a su público, porque no pretenden mentir. Y desde el punto de vista del público se sabe que los actores están actuando. No hay cabida para el engaño como tal. De hecho cuando vemos una buena actuación de un actor que muestra enfado, y somos conscientes de que es una actuación, podemos disfrutarla y nos hace sentir emociones distintas a las que sentiríamos si presenciáramos un enfado real o fuéramos conscientes de que nos intentan engañar.

¿Y si fuera una mezcla?, ¿Y si la capacidad para realizar una actuación realista de alguna forma fuera una modificación natural y universal del engaño o la simulación, algo así como una “suerte de engaño honesto” o una “simulación despojada de autoconsciencia de si misma”?. La investigación con niños podría aclararnos estas cuestiones. Los investigadores se han planteado el hecho de que tal vez la actuación estilizada que encontramos a través de la mayor parte de historia refleja los sesgos naturales de los niños. Lo que sí sabemos es que los pequeños, por norma general, tienen bastantes dificultades para engañar a los otros con éxito. ¿Encuentran los niños la actuación realista particularmente difícil y eso tienen problemas para engañar con éxito?

Otra cuestión interesante se refiere a la relación que existe entre las habilidades para la actuación y otras capacidades, especialmente las capacidades de tipo cognitivo social, como la teoría de la mente o la empatía . ¿Son los actores más capaces de imaginar los estados mentales de los demás observando sus rostros o su comportamiento? ¿Son personas especialmente empáticas? Y, si esto es cierto, ¿puede la práctica de la actuación mejorar estas habilidades?

Todas estas reflexiones las desarrollaremos en la próxima entrada.

Sergio García Morilla. Psico·Salud

Centro de Asistencia Psicológica.

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Referencias:

  • Benedetti, J. (2007) The Art of the Actor: The Essential History of Acting, from Classical Times to the Present Day. Edt: Taylor & Francis.
  • Deloache, J.S. (2004) Becoming symbol-minded. Trends Cognitive Sciences. (8) pág: 66–70.
  • Goldstein, T., Bloom, P. (2011). The mind on stage: why cognitive scientists should study acting. Trends in Cognitive Sciences. (15) pág:141-142.
  • Gordon, R. (2006) The Purpose of Playing: Modern Acting Theories in Perspective. University of Michigan Press.
  • Lillard, A. et al. (2007) Signs of pretense across age and scenario. Infancy. (11), pág: 1–30

Sergio García Morilla Psicólogo Sanitario. Máster en psicología clínica y de la salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas y trastornos psicológicos. Twitter

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