4 mayo, 2016 2 comentarios

Fobia a la sangre y su tratamiento

¿Qué es la fobia a la sangre?

Decimos que alguien sufre fobia a la sangre cuando reacciona con un temor excesivo e irracional que le lleva a evitar todas aquellas situaciones que relaciona directa o indirectamente con la sangre, tales como las inyecciones y/o las heridas. No todas las personas con fobia a la sangre responden de igual manera, la sensibilidad puede variar mucho de unas a otras; así alguien puede manifestar temor viendo una herida abierta, mientras que a otra le basta simplemente con pasar delante de un hospital. La fobia a la sangre es una de las fobias más frecuentes, pero a diferencia de otras, ésta provoca unos cambios muy particulares en aquellos que la padecen. Si eres una de estas personas o conoces a alguien que la sufre, entenderás rápidamente de qué manera esta fobia es capaz de limitar nuestro día a día.

¿En qué se diferencia de otras fobias?

La diferencia respecto a otras fobias radica en lo que llamamos Respuesta bifásica y consiste en que, ante un estímulo relacionado con la sangre, como puede ser: ver coser una herida, una extracción de sangre, una película con escenas violentas o simplemente una conversación relacionada con la sangre o el dolor, la persona experimenta cómo su presión sanguínea y su frecuencia cardiaca empiezan a aumentar, para inmediatamente caer en picado, llegando incluso a desmayarse si permanece ante la situación. Esta respuesta se agrava cuando la persona empieza a tener miedo a desmayarme, a perder el control o a hacer el ridículo, esto le hace sufrir ansiedad anticipatoria con lo que aumenta la posibilidad de que la frecuencia cardiaca aumente, su presión arterial hago lo mismo y acabe desmayándose.

¿Cómo se trata la fobia a la sangre?

Desde los tratamientos psicológicos basados en la evidencia, comenzamos realizando un análisis exhaustivo de las situaciones concretas que disparan la respuesta bifásica en la persona, atendiendo a las peculiaridades de cada caso, como pueden ser: situaciones específicas (p.ej, conversaciones desagradables que hablen de accidentes o sangre), posibles experiencias traumáticas o experiencias pasadas desagradables, partes del cuerpo que generan mayor preocupación (venas expuestas del brazo, zona del cuello, etc). A continuación analizamos todo lo que hace la persona para intentar sentirse “más seguro” en esas situaciones (tumbarse para un análisis de sangre, ir acompañado), cómo las evita (se va del lugar, no mira) y de qué manera se distrae (piensa en otra cosa, se dice que eso no es real, recuerda algo agradable), para una vez identificadas poderla retirarlas, ya que están manteniendo el problema.

Posteriormente se hace un listado de estímulos para que lo califique de 0 a 10 por nivel de ansiedad que le generan, por ejemplo: ver una imagen de una uña rota podría ser un 1 y un vídeo de una hemorragia en el cuello un 9. Antes de comenzar la exposición a dichos estímulos, se entrena al paciente en la técnica de respiración natural completa y relajación muscular para que las pueda poner en marcha cuando se empiecen a desencadenar los síntomas.

En primer lugar, la persona debe saber que el terapeuta va a pactar con él o ella los estímulos que va a presenciar y que nunca va a ser expuesto a algo que no se haya acordado previamente. Las exposiciones serán muy graduales y nunca se expondrá al paciente a un estímulo para el que no esté preparado. Mediante las exposiciones, con la supervisión del terapeuta, la persona irá observando cómo se van generando los síntomas, en qué orden aparecen y cómo su nivel de ansiedad comienza lentamente a bajar cuando se sigue enfrentando al estímulo, sin huir de la situación. Esta técnica supone un cambio radical en la manera que tiene la persona de ver el problema, por primera vez (puede que en muchos años) sabe qué hacer para no desmayarse, entiende que no tiene que seguir huyendo.

La finalidad de la terapia es otorgarle al paciente herramientas para que solo/a pueda afrontar las situaciones y autogestionarse en acontecimientos futuros. Si sientes que la fobia a la sangre limita tu vida, no lo dudes y confía en profesionales que basen sus intervenciones en tratamientos psicológicos basados en la evidencia. Vuelve a recuperar el control.

Referencias bibliográficas

  • Borda Más, M. (2001). Hematofobia: sincronía en el triple sistema de respuestas.
  • Espada Sánchez, J. P., Méndez Carrillo, X., & Orgilés Amorós, M. (2004). Tensión aplicada y exposición gradual en un caso de fobia a las inyecciones.International Journal of Clinical and Health Psychology4(2).
  • Más, M. B., Cardona, O. M., & Picabia, A. B. (1998). Eficacia de la técnica de tensión aplicada para el control del síndrome vasovagal aplicada a un caso de hematofobia. Revista de psicopatología y psicología clínica3(1), 39-53.
  • Nieto, B., y Mas, B. (2002). Tratamiento de “aplicación de tensión” en un caso de fobia a la sangre. Acción psicológica2, 185-193.
  • Orgilés, M., Rosa, A. I., Santacruz, I., Méndez, X., Olivares, J., & Sánchez-Meca, J. (2002). Tratamientos psicológicos bien establecidos y de elevada eficacia: terapia de conducta para las fobias específicas. Psicología Conductual10(3), 481-502.

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2 comentarios
Psico·Salud
Hace 2 años
Hola Fatima! Gracias por comentar. Con respecto a la EMDR hemos escrito bastante por aquí: https://www.psyciencia.com/emdr-pseudoterapia-avalada-por-la-apa/ Saludos!
Fatima
Hace 2 años
También existe la terapia EMDR pormedio de la cual la persona puede trabajar de donde viene esa fobia y reprocesar aquello que la dispara sin necesidad de exponerse al estímulo en la realidad. Es un método seguro
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