27 julio, 2016

Abuso sexual infantil ¿Puedo hacer algo para proteger a mi hijo/a?

Hablar de abuso sexual es un tema desagradable, una realidad que tratamos de evitar por las respuestas emocionales que nos generan. Todas estas reacciones se incrementan cuando hablamos ademas de abuso sexual en la infancia. Sin embargo, pese a que pueda parecernos un tema incómodo, no podemos convertirlo en tabú. Cuanta más información y herramientas tengamos a nuestro alcance, más capacitados estaremos para reconocerlo y hacerle frente.

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El abuso sexual infantil está considerado como una forma directa de maltrato infantil.
Es un problema REAL, que, aunque nos parezca increíble, afecta a muchísimos menores de todos los países. Se estima que en Europa uno de cada 5 niños es víctima de algún tipo de violencia sexual, incluido el abuso. Y que de ellos, entre el 70 y el 80% se producen por un abusador conocido, en el que el niño confía ¿Sorprendido/a? Pues además hay que tener en cuenta que resulta difícil obtener datos precisos, debido a características propias de la situación de abuso: los niños ocultan información, pueden tener relación familiar con el agresor, la mayoría de los casos no se denuncian etc. por lo que estos datos podrían ser incluso mayores.

El abuso sexual supone una interferencia en el desarrollo evolutivo del niño, puede dejar secuelas físicas y psicológicas que pueden extenderse hasta la edad adulta.

Todo niño tiene derecho a estar seguro y protegido

¿Puedo hacer algo para proteger a mi hijo/a de la violencia sexual? 

La respuesta es SI. Como padres tenemos la obligación de garantizar la seguridad y protección de nuestros hijos, sin embargo, muchas veces por desinformación, no tenemos en cuenta tratar determinados temas que no consideramos necesarios, nos dan vergüenza o nos cuesta hablar. Este no puede ser el caso de la sexualidad, pues las consecuencias de no favorecer una adecuada comunicación al respecto pueden ser graves, especialmente a la hora de acabar con episodios de abuso.

Por una parte, tenemos que capacitarnos nosotros, los adultos. Debemos informarnos y comprender cómo ayudarles, tanto ofreciendo una adecuada educación sexual a nuestros hijos que ayude a prevenir, como sabiendo cómo actuar en caso de que nos comuniquen una agresión. Esto significa estar preparados para mantener conversaciones “comprometidas” y tener las respuestas adecuadas. Ten en cuenta que dar largas o no atender dudas en un momento determinado puede pasarnos factura después, el niño puede considerar que se trata de un tema tabú y no encontrar un adulto de apoyo en caso de necesitarlo.

Por otra parte, debemos capacitar a nuestros hijos. Obviamente esto no significa responsabilizarles de su propia protección, pero si es necesario darles un papel activo a la hora de autoprotegerse, formándoles y enseñándoles como discriminar conductas inadecuadas por parte de otras personas. Estas son algunas pautas para ayudarte a proteger a tus hijos ante la violencia sexual:

  • Habla con ellos: Parece obvio, pero hoy en día nos sorprenderíamos de la cantidad de familias en las que no se habla de este tema con los hijos. Es necesario hablar para ayudarles a protegerse, sin dar la imagen de que todo el mundo es peligroso pero sí es necesario conocer una serie de riesgos a los que pueden verse expuestos. Habla de sexualidad sana y de la existencia de abusos (usando siempre un lenguaje adaptado, pero no camuflado). Tienen que comprender que su cuerpo les pertenece, que hay formas de tocar buenas y malas, y que no todos los secretos son iguales.
  • No delegues toda la responsabilidad de su educación sexual al colegio: Es cierto que en los centros educativos se deberían tratar estos temas en algún momento, sin embargo eso no te exime de la responsabilidad de tratarlo tú también. El tiempo dedicado en familia, así como la expresión de muestras de cariño que utilizamos son una gran oportunidad que debemos aprovechar, por ejemplo para explicar qué muestras de cariño son adecuadas (y por tanto tolerables) y cuales no.
  • Enséñale a decir NO: Nos esforzamos a diario porque obedezcan, cumplan con sus obligaciones, no rechacen nuestras peticiones. Sin embargo no tenemos en cuenta que en ciertas situaciones el niño debe estar preparado para negarse a realizar este tipo de peticiones. Recordemos que en la mayor parte de los casos proceden de adultos, con confianza, muchos de ellos incluso familiares directos. ¿Si aprendo a que a los adultos hay que obedecerles siempre, cómo voy a negarme ante una practica de este tipo? Por tanto hay que diferenciar no sólo quién me da la orden, sino lo que me piden que haga.
  • Propónle situaciones problema y pregúntale cómo las resolvería: Igual que le enseñamos cuidadosamente a no cruzar con el semáforo en rojo por su seguridad, debemos enseñarle que existen una serie de situaciones (alguien te invita a ir a su casa ofreciéndote algo interesante, alguien te pide que te quites la ropa, alguien mayor te habla de sexo o te toca y te pide que no se lo cuentes a nadie, alguien amenaza con hacerte daño a ti o a tu familia si no le haces caso…) que también pueden suponer peligro y el menor debe estar preparado/a para afrontarlas. Debate con los niños sobre las posibles soluciones que aporten y explícales qué es lo que deben hacer en cada caso.
  • Enséñales la Regla de Kiko. Es una sencilla guía elaborada por el consejo de Europa para ayudar a familias y educadores a prevenir actos de abuso sexual contra los niños. Se trata de explicarles dónde no deben permitir que otras personas les toquen, especialmente aquellas partes de su cuerpo cubiertas por la ropa interior. Dedicaremos un post entero a explicarte este programa próximamente.

Recuerda que un niño que ha sido víctima de abusos sufre una mezcla de emociones tremendamente difícil de gestionar para su nivel de desarrollo (si como adultos cuesta, imagina siendo menor y sin haber tenido contacto con la sexualidad previa, desconociendo qué sucede, por qué y para qué). Por tanto, tenemos que entender que es IMPORTANTÍSIMO saber responder adecuadamente si en algún momento llegara a comunicarnos algo así.

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